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¿Qué se pretende silenciar con la campaña contra “La Pasión”?

Cynhia Caden / www.revistacristiandad.org

El reciente lanzamiento de "La Pasión", dirigida por Mel Gibson, ha desatado una polémica proporcional al enorme éxito que se trata de desmerecer.

Cumpliéndose la profecía sobre Jesucristo de ser "piedra de escándalo" y "fuente de contradicción", la película - por estar centrada en Él mismo, en su dolorosa Pasión y Muerte - renueva la eterna enemistad entre los hijos de la serpiente y la raza de la Virgen. Y esta enemistad inflamará la tierra cada vez que la Cruz sea exaltada y la serpiente aplastada por los pies de María, de la Santa Iglesia.

En tanto, de todo el escándalo que se pretende levantar para echar tierra encima de un éxito impresentable en un mundo ateo y paganizado, nadie, absolutamente nadie ha pretendido negar la veracidad de lo que narra "La Pasión". Sería negar la veracidad de los Evangelios y de la misma historia. Nadie puede negar los sufrimientos inenarrables que el Divino Redentor tuvo que sufrir para pagar por nuestros pecados. Él, que era la Inocencia misma, pagó por todas nuestras culpas. Y tan grandes fueron que ninguna película podría representar fielmente - por cruenta o explícita que fuese - los dolores y vejaciones que sufrió de los hombres. Crueldad que en Su agonía - transpirando gotas de sangre - pidió que de ser posible, le fuera ahorrado: "Padre, si es posible, aparta de Mí este cáliz".

Nadie podría, finalmente, sostener que a causa de la crudeza de una película, o de retratar la perfidia de los criminales, se levante una ola antidelincuencial. Lo que molesta es que se recuerden ciertas verdades. De otro modo, deberíamos exigir el cierre de películas violentas, decadentes, cruentas o detallistas en aberraciones y vejaciones, como "Irreversible", la tristemente celebre y violenta violación retratada en tiempo real estrenada hace unos pocos meses. ¿O en estos casos no es de temer el surgimiento de una ola de antidelicuencia? Impensable resultaría incluso temer una ola antisemita, por la repugnancia que produce al espíritu cristiano semejante traslado de la lucha de clases marxista al plano materialista de las razas. Sin negar culpas históricas ni trasladar la culpa inmediata a los judíos contemporáneos, ni podríamos culparles por la muerte del Redentor ni nos es lícito hacernos ejecutores de la Justicia Divina.

PODER COMPRENDER, PODER JUZGAR

Sobre todo esto se ha dicho y queda mucho más por decir. Pero ahora tiene la oportunidad de profundizar y juzgar por usted mismo si acaso las bases sobre las que se basó "La Pasión" merecen los furiosos descalificativos que las hordas anticristianas arrojan en contra de la Santa Faz de la Iglesia. ¡Hasta pretenden mutilar los evangelios para acomodarlos a sus conciencias!

Que Nuestra Señora bendiga a todos y cada uno de ustedes.

 
 

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