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Cuando Dios actúa

Miguel Rivilla San Martín, Pbro.

Absolutamente nada ni nadie se le puede enfrentar ni resistir. El poder arrollador del Omnipotente, cuando entra en acción, es sólo comparable a un ciclón devastador. Arrasa cuanto se le pone por delante.

La humanidad loca y desquiciada, en el mal uso de su libre albedrío, ha echado un pulso insensato a la divinidad, burlándose incluso de su existencia. Los hombres, en su conjunto, han colmado la medida de su maldad y prevaricación, hasta límites incomprensibles. Admirablemente lo expresa el salmo 13 : “D:ice el necio para sí:”No hay Dios”.Se han corrompido cometiendo execraciones. No hay quien obre bien. El Señor observa desde el cielo a los hijos de Adán, para ver si hay alguno sensato que busque a Dios. Todos se extravían igualmente obstinados ,no hay uno que obre bien ,ni uno solo”

Frente a esta obstinación en el mal, apenas han servido de nada los gritos y amenazas de los profetas, los correctivos terribles de la naturaleza desatada, las toneladas de escritos y los ríos de tinta de los pastores de las diversas iglesias, ni los esfuerzos ingentes de millares de predicadores, para hacer recapacitar al hombre obstinado en el mal y en el pecado.

Pero he aquí, que Dios no se ha dejado vencer por el hombre y ha intervenido en la historia humana con todo su poder de infinito amor, comprensión y misericordia, para doblegar la rebelde voluntad de su criatura.

Dios ha hablado con el único e incomparable lenguaje de los hechos, el que cualquier racional puede apreciar y valorar. “Tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo unigénito, no para condenar al mundo, sino para salvarlo”.

La pasión y la cruz de su Hijo Jesús, condenado injustamente a muerte como un criminal y sufriendo el dolor físico y espiritual hasta el paroxismo, fue el que reconcilió al cielo con la tierra, al hombre con Dios.

Estamos salvados por el amor infinito y misericordioso de Dios que no perdonó a su Hijo por salvarnos. Para toda la humanidad se ha abierto una salida esperanzadora al túnel negro y oscuro de su maldad.

Este acontecimiento inaudito y singular, es el que nos ha venido a recordar un cineasta católico a marcha martillo-Mel Gibson- con su obra de arte : La Pasión de Cristo.

Estoy seguro que todo aquel que se acerque como espectador, con un mínimo de fe a contemplar esta cinta, experimentará en sí mismo la fuerza amorosa de Dios que le invitará a mejorar su vida y con toda seguridad, la acción poderosa de Dios lo transformará y salvará.

 
 

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