Esperanza frente al
terrorismo
Nota del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal
Española
Madrid, 17 de marzo de 2004
Reunidos en Madrid en nuestra primera sesión ordinaria
después del infame atentado terrorista del 11 de marzo, los miembros del
Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal deseamos dirigir de nuevo una
palabra a los católicos y a todos los españoles.
Es muy grande el dolor de muchas familias, del pueblo
de Madrid y de toda España. Pero el sufrimiento no debería abrir el paso
al miedo incontrolado ni al desánimo. El terrorismo, sufrido por nuestra
sociedad desde hace ya demasiados años, puede amenazarnos ahora también
desde otras instancias y lugares. Pretende, como siempre, extender el
miedo y el odio entre todos para doblegar las voluntades y someter a la
sociedad y al Estado a sus propios fines. No lo conseguirá si no cedemos a
su chantaje y mantenemos el ánimo sereno e incluso la magnanimidad para el
perdón. No se puede negociar con el terrorismo, de modo que sus acciones
criminales obtengan rendimientos sociales o políticos. Los terroristas
responderán de sus crímenes ante la justicia humana y ante la de Dios.
Pero si no nos hacen perder el ánimo y la generosidad, se habrán quedado
sin armas para someternos.
La respuesta de los madrileños y de toda España frente
a la barbarie terrorista ha sido admirable en innumerables gestos
concretos de ayuda y de cercanía con las víctimas que han mostrado cómo el
amor es más fuerte que el odio y que la muerte.
Hemos recibido muestras de condolencia, de solidaridad
y de unidad en la oración desde todo el mundo. Casi todas las Conferencias
Episcopales nos han escrito asegurándonos su cercanía espiritual para con
la víctimas, sus familias y todo el pueblo español. En particular, el
Santo Padre, Juan Pablo II, ha seguido y sigue de cerca lo acontecido y
acompaña con su oración a quienes han sido golpeados de uno u otro modo
por el flagelo cruel del terror.
¡No tengáis miedo! Al final, Dios está con nosotros.
Podrán quitarnos la vida, pero nunca la esperanza en la vida eterna, la
vida divina para la que hemos sido creados y para la que nos ha redimido
la sangre de Jesucristo.
En la nueva etapa política que se abre después de las
elecciones del pasado 14 de marzo, las autoridades legítimas han de contar
con la colaboración de todos en la tarea absolutamente prioritaria de la
lucha contra el terrorismo. Los católicos se la prestaremos sin vacilación
alguna; y aportaremos el ánimo fuerte que se alimenta de una esperanza que
no defrauda.
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