En medio de tanto
dolor
Padre Roberto Fernández Iglesias, OP
En estos días en Madrid duele hasta el viento que se
respira, aunque sea primavera y se tiñan de rubor los cerezos japoneses de
los parques.
Todo duele. No solo Madrid, el mundo y toda España han
llorado mucho en estos días. Y cada uno justifica sus lágrimas como puede
o trata de ocultarlas de un modo resignado y heroico, con aquel
estoicismo, tan propio del carácter español, que de sus penas procura
hacer rayos de luz. Así lo rezan cientos de velas encendidas por toda la
ciudad, junto a flores y carteles anónimos que expresan tristeza y soledad
inconsolables.
Pero la verdad es que todo el mundo anda golpeado por
las víctimas que ya no viajarán en el tren de Alcalá. Y es que duelen
mucho estos miembros ausentes de cuerpo social, igual que siguen doliendo
los miembros amputados al que ya no los tiene y busca acariciarlos pero ya
no están.
Quizá, como otros muchos, yo también lloré al escuchar
el testimonio de un ecuatoriano que contaba la muerte de su hijo único en
el tren, un chaval de 16 años que quería ser actor. Su padre explicaba
entre sollozos que aquel hijo era toda su vida y la de su esposa y que no
podían entender por qué lo mataron así... Ese dolor infinito de los
inocentes tiene que caer un día sobre las cabezas de quienes lo causaron,
cuando contemplen con impotencia el mal que desencadenaron y que nunca
podrán detener.
En su homilía del funeral por las víctimas, el cardenal
de Madrid hablaba de los contrapuntos al terror. Se refería sobre todo a
la solidaridad de los madrileños que brotó espontánea y heroicamente desde
el primer momento y que continúa en mil detalles prácticos de la vida
cotidiana. Por parte del Gobierno de Aznar, está también la promesa de
ayuda económica a los afectados y la nacionalidad española para las
víctimas extranjeras que lo puedan desear.
Otro contrapunto fundamental es el funeral ecuménico
celebrado en la Catedral Católica Rabat, con la asistencia del Gobierno
marroquí en pleno y sobre todo con la presencia del gran rabino de la
comunidad judía y del gran mulláh de los musulmanes, junto al arzobispo
católico de la ciudad. Las tres grandes religiones tienen que ser activas
en promover la paz y mandar al infierno a quienes la impiden. Aunque esto
último lo diga yo de un modo más bien emocional. Pero no cabe duda de que
las religiones se han callado demasiado y desde hace mucho tiempo frente a
los desmanes de cada bando. No solo son necesarias las declaraciones de
los grandes líderes. Es necesario también el esfuerzo de los pastores de a
pie, de los que están más cerca de las bases reales de cada religión.
Pues, es ahí donde se reclutan los protagonistas de los atentados.
Y hablando de lo emocional... Así explicaba Rajoy la
pérdida de las elecciones . Decía que los españoles, en contra de los
pronósticos de todas las encuestas, se inclinaron por el Partido
Socialista por motivos emocionales, sin mirar la racionalidad de las
propuestas del Partido Popular. Tendrán que analizarlo muy bien los
politólogos. Porque, esto fue calculado por los terroristas, entonces su
golpe fue todavía más macabro y restaría legitimidad moral al partido
ganador por la confusión de los electores. Cierto que Zapatero no aceptó
esta interpretación de alguna periodista extranjera en su primera rueda de
prensa. Pero no hay que tapar el sol con un dedo. En todo caso, esto mismo
hará mucho más delicada la gestión del Partido Socialista y la
gobernabilidad de una España que iba bien y que podría empezar a derrapar
por la pendiente de ambigüedades retóricas que tienen bastante arraigo en
la historia peninsular, pero que tienen que acabarse una vez terminada la
campaña electoral.
En este sentido y a modo de juego dialético, recordando
a Felipe II, tras el desastre de la Arma Invencible, Aznar podría decirle
a Zapatero que "no había enviado sus barcos a luchar contra los
elementos". Y Rajoy que "preferiría perder mil elecciones antes de
ganarlas por motivos emocionales". Y Zapatero podría terciar en el debate
recordando que piensa retirar las tropas españolas de Iraq porque "más
vale honra sin soldado en Iraq, que soldados sin honra". Y Aznar
replicaría, como Cervantes a los insultos de Avellaneda que se había
burlado de que era manco: "más prefiero ser manco por haber estado allí
(en la batalla de Lepanto, precisamente contra los musulmanes) que tener
largos brazos, como vos, por no haber estado allí...".
Bueno, pues ojalá prime el sentido del bien común y la
sobriedad y nos apliquemos todos a construir el mejor mundo de los
posibles. Porque tienen que ser posibles caminos de paz en medio de este
nuevo modo de guerrear que es el terrorismo internacional y que, por su
magnitud y por su rapidez, en este mundo globalizado carece de toda
legitimidad.
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Publicado en "HOY", domingo 21 de marzo de 2004. Quito
- Ecuador
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