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¿Qué les extraña?

Walter Turnbull

Si me hubieran preguntado a mí, que soy un ignorante en política y un mojigato en la vida, desde cuándo les habría avisado que esto podía suceder en cualquier momento, y sin escandalizarme.

Para felicidad y enriquecimiento de los profesionistas del chisme y del escándalo, finalmente nos ha tocado vivir algo que saque al aburrido pueblo mexicano de las misma intrigas de siempre en las telenovelas y las mismas declaraciones de siempre en los noticieros: un grupo de figuras prominentes de partidos de reciente acceso al poder (si se tratara del partido de siempre no sorprendería a nadie) ha sido descubierto en situaciones comprometedoras por medio de una serie de videos clandestinos. Hay para todos los gustos: Si los implicados son culpables, tenemos corrupción y además hipocresía. Dado que los videos son clandestinos, tenemos corrupción y además traición o confabulación. Ahora, que si los videos son montados o al implicado le “pusieron un cuatro”, estamos hablando de confabulación a gran escala.

Más fascinante todavía, me ha resultado ver a personajes como Joaquín López Dóriga o Víctor Trujillo que aparecen sorprendidos, escandalizados y asqueados. Estos expertos en el acontecer nacional y maestros en el arte de vivir no sospechaban que esto pudiera pasar, ni soportan la visión de tanta maldad. Los que se burlan de los moralistas se asquean ante la inmoralidad. Si me hubieran preguntado a mí, que soy un ignorante en política y un mojigato en la vida, desde cuándo les habría avisado que esto podía suceder en cualquier momento, y sin escandalizarme.

¿Qué les extraña? Pregunto yo.

Como dice la hija de Billy Graham: “Por años le hemos estado pidiendo a Dios que salga de nuestras vidas”. En México llevamos 70 años de educación anticatólica, 200 de gobierno anticatólico y quién sabe cuántos de una corrupción asfixiante, décadas de inmoralidad irrestricta en la televisión, en la música y en el cine. ¿Qué les extraña? ¿Pensaban que la alternancia en el poder podía terminar con la mediocridad en tres años? ¿Piensan que se puede fomentar la inmoralidad en el sexo y esperar moralidad en la política?

Todas las ideologías son respetables, pero unas son más... moralizantes que otras. El marxismo nunca pudo remediar los problemas de los pobres, y pasó por este mundo dejando una estela de guerra y de pobreza material y espiritual. Uno de sus principios fundamentales era el combate a la religión. Finalmente se derrumbó. Pero todavía hay en el mundo -y México no es la excepción- mucha gente que se aferra a él como inspiración para su causa o como justificación para su conducta. Todavía hay partidos que quieren seguir sus consignas. Seguramente hay gente de buena intención y sinceramente preocupada por la sociedad entre los partidarios del marxismo, pero una mentalidad materialista difícilmente encuentra razones para una conducta ética. Si invocando a Dios se pueden cometer crímenes horrendos cuando se le invoca en falso, invocando a Marx se pueden cometer muchos más cuando se le invoca de corazón. Todo lo que ha sucedido era de esperarse.

Lo malo de esta divertida situación es que nos deja una sensación de abatimiento, como todas las diversiones malsanas. Parece que ya no hay para dónde voltear en la política mexicana.

¿Qué vamos a hacer?

Primero, abrir los ojos para votar con prudencia cuando venga la oportunidad. Dice un dicho popular que no se casa uno con la pareja, sino con la familia. En esta balbuciente democracia de los mexicanos no elegimos personas: elegimos partidos. Todavía nos quedan dos años para conocer las diferentes opciones que tenemos, aunque esperemos que no sea por medio de videos clandestinos.

Segundo, hacer lo que esté a nuestro alcance (aunque ahorita yo confieso que no se me ocurre nada; tendremos que preguntarle a alguien que sepa más, como decía Sócrates) para que nuestro gobierno sea cada vez más de instituciones y de ciudadanos y menos de partidos. Apoyar lo bueno y combatir lo malo. Sobre todo, no cooperar a la corrupción.

Tercero, seguir remando contra corriente. Aunque cada vez nos sintiéramos más solos en medio de este mundo de secularismo; seguir dando razón de nuestra esperanza y trabajando por el reino de Dios. La sociedad sanará cuando los hombres sean santos. Manda, Señor, tu Espíritu y se renovará la faz de la tierra.

Ah, y encomendarnos a nuestros santos mexicanos y a María de Guadalupe para pedir por nuestros gobernantes.

 
 

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