Catequesis familiar
festeja a los niños
José Antonio Benito
“Por amor a los niños queremos que los padres asuman
su compromiso cristiano de educar en la fe a los hijos”.
El 25
aniversario de la Catequesis Familiar celebrado en febrero del 2003 y en
el que participaron 4000 personas de todo el Perú, dejó una hermosa tarea:
dar protagonismo a los principales destinatarios de su camino catequético:
los niños. Como refiere su coordinadora nacional -Hermana Augusta Carrara-,
“por amor a los niños queremos que los padres asuman su compromiso
cristiano de educar en la fe a los hijos”.
Aunque
estuvieron presentes en algunas de las ceremonias del año pasado, la
dinámica de un congreso no era para ellos. Por esta razón, para conmemorar
el aniversario del inolvidable evento, se ha convidado a todos los niños
del Perú para que celebren su fiesta. Una fiesta para que – en frase del
cantante Perales- “que canten los niños, que alcen la voz, que hagan al
mundo escuchar; que unan sus voces y lleguen al sol, que en ellos está la
verdad”.
Y vaya si lo
consiguieron los casi dos mil niños que se dieron cita en el coliseo del
siempre acogedor Colegio Juan XXIII el segundo domingo de febrero. Fue una
fiesta para escuchar sus profundos y encantadores testimonios, para
contemplar sus ojos llenos de luz, para contagiarnos de su creatividad y
gozo de vivir. Sí. para oír a “los niños que viven en paz, y aquellos que
sufren dolor”; para dejarles “que canten por esos que no cantarán, porque
han apagado su voz”
En ellos
estaba el Perú profundo, el Perú total, el de Lima y el de la costa,
sierra y selva. En ellos se transparentaba el fruto de 25 años de
Catequesis Familiar: en su oración, en sus juegos, en sus
escenificaciones, en su agradecido apetito en la comida ofrecida, en sus
canciones y en sus danzas, en la vivencia de la liturgia...
Todos
identificados con el color del arco iris correspondiente a su
jurisdicción, pañuelitos en el delicado cuello de cada niño, pronunciando
la gracia e inocencia de cada quien, les otorga prestancia porque son
representantes de una Parroquia con la que han sellado su identidad a
partir de Catequesis Familiar. Filas ordenadas de ágil marcha fueron
ingresando hacia el lugar de las inscripciones, donde la primera sorpresa
fue recibir un dije de recuerdo “la paloma mensajera de la paz” La segunda
fue su boleto para su almuerzo gratis. Al ingresar al Coliseo, de la mano
con el osito Wini Pooh y Tigre, encontraron mesas ordenadas con un
aliciente para el hambre inmediato, bolsitas con agradables bizcochitos
les fueron entregados, orientando cálidamente su ingreso hacia el lugar
donde formarían también el mosaico colorido, reflejando el arco iris dela
unidad. Ataviados de presentes, pero sobretodo de inmensa emoción de
encontrar un ambiente tan acogedor y con alguien que los invitaba a
sentarse pronto porque había que escuchar y compartir inmediatamente con
Chispita, un alegre e incomparable payasito, que llegó directamente de
Huaycán, un pujante pueblo al este de Lima, para alegrar a los niños con
chistes, gestos, mimos y cuanta acción era necesaria para dar el punto de
alegría esperado por el público infantil.
Por su parte,
los equipos de trabajo dedicados a sonido y ambientación siguen dando los
últimos ajustes para iniciar el programa protocolar: Alegres animadores,
jóvenes llenos de entusiasmo, han comenzado ya a alternar con Chispita.
Cantos y dinámicas hacen que los niños se concentren y participen en la
gran fiesta.
El Padre
Víctor Díaz, quien llegó desde Chiclayo, cálido departamento norteño del
Perú, hace su aparición ahora como maestro de ceremonias y con alegre y
eclesial saludo, da inicio al programa recordando que la reunión comienza
con una gratitud a Cristo y María nuestra Madre para luego continuar con
el gozo de la Eucaristía y terminar con presentaciones
artístico-culturales.
Un gran
letrero daba tono al mensaje principal: “Cristo, príncipe de la paz” (Is
11), Demos a los niños un futuro de paz. “La paz es posible” (Juan Pablo
II). Monseñor Lino Panizza, obispo asesor de Catequesis Familiar, en la
homilía de la Misa central, lo dijo con la sencillez del Maestro de
Galilea, al entrevistar a una familia (Gustavo, Lina y Claudia): Todos
buscamos la felicidad, para conseguirla hay que sacrificarse, hay que
luchar por la paz, tenemos que morir a nosotros mismos para compartir.
Cristo se retiró para orar y regresó a la vida para pelear por el bien y
por un mundo nuevo de paz.
El momento
culmen de la fiesta fue la procesión de los niños mensajeros de la paz en
que recibieron el olivo para plantarlo en sus parroquias, como señal de
paz y de esperanza.
Aunque a
algunos lo llamarán casualidad, yo lo veo como una inspiración de lo alto,
el mensaje cuaresmal del Papa Juan Pablo II, que fue elegido justo cuando
nacía Catequesis Familiar, parecía pensado para esta fiesta. Lean si no:
“El tema de este año --«El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a
mí me recibe» (Mateo 18,5)-- ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la
condición de los niños, que también hoy en día el Señor llama a estar a su
lado y los presenta como ejemplo a todos aquellos que quieren ser sus
discípulos. Las palabras de Jesús son una exhortación a examinar cómo son
tratados los niños en nuestras familias, en la sociedad civil y en la
Iglesia. Asimismo, son un estímulo para descubrir la sencillez y la
confianza que el creyente debe desarrollar, imitando al Hijo de Dios, el
cual ha compartido la misma suerte de los pequeños y de los pobres”.
Gracias a la
paciente entrega de los animadores que estaban codo con codo son su grupo
de niños, la algarabía, el bullicio de este gigantesco batallón se pudo
hacer silencio para adorar al Príncipe de la Paz, Jesús. para dedicar los
mejores momentos a la Madre de la Paz, María. De gran ayuda fue la
colaboración de Martín Portugal, Profesor del Colegio Juan XXIII, quien
compuso la canción oficial y quien logró dirigirla magistralmente: “Mi
voz, mis manos buscando un sueño buscando tu calor, tu amor, nuestra alma
es del mismo dueño”.
Si Georges
Bernanos afirmó que el mundo lo salvaban los santos, los poetas y los
niños., los grandes que vivimos esta jornada nos dejamos atrapar por esa
fuente inagotable de renovación y entusiasmo que sueña y canta, que espera
y ama: el Niño.
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