Carlos Díaz: el
personalismo y el mundo de hoy.
Fernando José Vaquero Oroquieta
Carlos Díaz es hoy, probablemente, el personalista
español más conocido. Incansable difusor del personalismo, destaca por la
agudeza de sus juicios, en la observación de la realidad, y un estilo
provocador. En esta entrevista nos responde a diversas cuestiones de
actualidad.
Entrevistamos
a Carlos Díaz, uno de los personalistas españoles contemporáneos más
conocidos e impulsor del Instituto Emmanuel Mounier. La suya es una de las
voces críticas más características, provocadoras e independientes en el
panorama actual de las ideas.
Pregunta:
¿Cómo definir al personalismo hoy?, ¿escuela, movimiento, estilo de vida?
Respuesta: Más
bien las tres cosas, que en el fondo son lo mismo.
P.: El
personalismo, dentro de la Iglesia católica, contó con filósofos de
primera fila (Mounier, Maritain…). Hoy día, ¿mantiene su atractivo y su
capacidad de propuesta?
R.: Ahí están
las figuras de Paul Ricoeur, Emmanuel Lévinas, Buber, Zubiri, Edith Stein,
Karol Wojtyla...
P.: Al
personalismo se le achaca, desde algunos medios filosóficos, de cierta
falta de precisión y rigor conceptuales. ¿Le parece justa esta
apreciación?
R.: No sé si
es menos rigurosa la acusación de carencia de rigor que la carencia de
rigor misma, espero que por lo menos se le acuse de falta de rigor mortis.
En serio: primero habría que definir qué es el rigor, y la carga de esa
prueba correspondería después a los impugnadores.
P.: Si
estudiamos la reciente historia de España, encontramos personalistas en
grupos demócratacristianos, entre los socialistas, incluso en los
comunistas. Algunos personalistas protagonizaron, también, un cuestionado
diálogo cristianismo - marxismo que llevó a que muchos recalaran en
partidos marxistas, abandonando su catolicismo original. El personalismo
cristiano, hoy día, ¿ha quedado relegado en el protagonismo social y
político de las ideas?
R.: Sí, como
la Iglesia en general.
En general ha
sufrido el mismo deterioro presencial que la Iglesia católica, cuya
presencia laical en la vida pública resulta escasa.
P.: El
personalismo, ¿se identifica, particularmente, con determinados
movimientos eclesiales actuales? ¿Puede aportarles herramientas y recursos
conceptuales que les faciliten la comprensión de la compleja y cambiante
realidad de la sociedad de hoy?
R.: El
personalismo comunitario no es sino una pequeña nota bibliográfica al pie
del Sermón del Monte. Por eso quienes no lo ven así necesitan una montaña
de sermones para rebatirlo.
P.: Algunos
pensadores consideran que la juventud española actual es la más
conformista de su historia. Por otra parte, constatamos la existencia de
un poder planetario que determina lo “políticamente correcto” a través de
un modelo vital relativista-consumista que conduce a un individualismo
extremo que debilita al hombre. ¿Pueden, maestros y pedagogos, romper esta
dinámica?; ¿puede, la Iglesia católica, ser una alternativa a esta
mentalidad o debe replegarse a su ámbito más íntimo?
R.: ¿Se
replegó Jesús a su ámbito más íntimo? Sí: permaneció en el Padre. Pero a
la vez con el Padre se exteriorizó en la presencia por todo el mundo del
Espíritu Santo. Ite missa est no significa «podéis ir en paz, demos
gracias a Dios», sino esto otro: «Id. La misión comienza». Antes de
replegarse o distenderse habría que estudiar algo de latín...
P.: En el año
2005 se celebrará el 100 aniversario del nacimiento de Emmanuel Mounier.
¿Se preparan, los personalistas, para aprovechar esta oportunidad y
relanzar sus propuestas?
R.: Nosotros
en España, México y Paraguay somos el Instituto Emmanuel Mounier, y desde
luego preparamos para el 2005 un congreso internacional.
P.:
¿Considera, Carlos Díaz, que están vivas las raíces cristianas de Europa?,
¿qué opinión le merecen el neojacobinismo actual y el anticatolicismo
militante de algunos sectores sociales españoles y europeos?
R.: Todos los
días me desayuno con los sapos del analfabetismo religioso y
antirreligioso (éste menosprecia olímpicamente cuanto ignora) y sin
embargo creo que no hay que responder sino orando y laborando.
P.: ¿Puede
mantenerse el apoyo electoral de los católicos al Partido Popular, ante la
sucesión de iniciativas impulsadas contra la familia desde el mismo? En
definitiva, ¿católicos en partidos políticos o partidos políticos
católicos?
R.: Va siendo
hora de que la gente con dos dedos de frente sepa distinguir entre lo
político y lo místico, y asimismo entre lo místico y lo religioso. Creo
que Cristo no se afiliaría a ningún partido, ni de extrema derecha, ni de
extrema izquierda, ni de extremo centro, sino al del extremo amor. Y desde
luego no veo al Nazareno en las filas del Partido Popular.
P.: La Iglesia
mantiene universidades, periódicos, emisoras de radio, colegios,
hospitales… Pero, ¿existe un pueblo católico que proporcione, a estas
modalidades de presencia eclesial, un rostro concreto como posibilidad de
encuentro personal y misión ante el mundo?
R.: A veces
critican a los curas desde un supuesto laicado meliorativo, pero ese
invocado laicado no existe. La minoría de edad de ese laicado se
acrecienta por su pésima formación e información religiosa. Ahí estamos
luchando.
P.: El islam,
¿qué le sugiere?: ¿confrontación?, ¿diálogo?, ¿asimilación?,
¿multiculturalismo?
R.: Soy
profesor de historia y fenomenología de las religiones en la Universidad
Complutense de Madrid, laicista donde las haya, y he escrito algunos
libros sobre ello. Sucintamente diría que el Islam es la más
histórico-política de las grandes religiones, y que eso prevalece en ella
sobre su pretendido monoteísmo. Por lo demás, donde haya islam no habrá
racionalidad.
P.: ¿Qué nos
podría decir del personalismo de Karol Wojtyla?
R.: Que es
serio, denso, profundo. Pero más tomista que fenomenológico. Ha
comprendido que santo Tomás no basta, pero no ha sabido prolongarlo.
P.: ¿De donde
brota esa capacidad de trabajo, rebeldía y provocación que manifiesta,
constantemente, Carlos Díaz?
R.: No creo
que sea para tanto, hermano. En todo caso, de mi dolor. En él soy doctor
doloris causa. Sólo en Dios halla mi aguijón el bálsamo.
- Muchas
gracias.
- Soy yo quien
agradece.
Arbil,
anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 78, febrero de 2004
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