El animal que
llevamos dentro
Víctor Corcoba Herrero
Uno de los frutos del irracionalismo que gobierna
actualmente el mundo, es la venganza del poder para poder aplastar.
La batalla
está servida en bandeja. Lo espiritual se pretende borrar del mapa humano.
Retorna lo animal en el torno de los días, las salvajadas sin salvavidas
que nos pongan a salvo de la selva materialista. Las luchas terrenales nos
entierran el alma y el olmo de las desdichas nos ahogan. Los que tienen
que dar ejemplo no lo dan y, aquellos que lo dan, en corazón y vida, los
destierran del escaparate de los grandes medios de comunicación social. Lo
de enseñar virtudes que nos hagan más libres y más personas, lo de
proteger la verdad y el compromiso, es de rancios y huele a sermón.
Las animaladas
que vemos a diario a través de la “niñera” (es como le llaman los niños de
infantil a la tele -me lo apunta una psicóloga en la escuela de padres)
superan las películas más bestias. Nos quieren hacer ver, por tripas, que
lo espiritual es un invento de las religiones y un comercio de sus
dirigentes. Y así andamos, a la deriva, perdiendo humanidad y gozos de
esperanza. Yo pienso, que, sin educación moral, es imposible vivir en la
alegría, por mucho que los psiquiatras y psicólogos nos reanimen el ánimo.
Lo animal nos
divorcia y, así, es un amor imposible cohabitar en un mundo sin alma, por
mucho que se nos llene la boca de solidaridad. La bonanza de la materia
frente a la escasez de lo espiritual nos separa más que nos une. De ahí
que la globalización esté en punto muerto o revierta en más injusticias.
Sin la acción vivificante de lo psíquico, la mera actividad humana no es
capaz de efectuar nada por los demás, sino es para obtener beneficio
material. La realidad nos dona su gran lección, cuando somos capaces de
penetrar en la mística de la vida, aquellas personas que han crecido más
por dentro, se encuentran más aptos para amar desinteresadamente, sin
letra de cambio.
Uno de los
frutos del irracionalismo que gobierna actualmente el mundo, es la
venganza del poder para poder aplastar. Las estadísticas nos aportan esas
cifras de indefensos que se mueren a diario por capricho de los poderosos.
La sociedad cada día es más vengativa, porque es más bicho, más materia
alimaña y menos espíritu comprensivo. Sin embargo, aquel que tiene
fortaleza espiritual, que paga el mal con el bien, que vuelve al enemigo
amigo, su actitud es más tolerante. Y eso es saludable para el mundo,
necesitado de aire que nos limpie el corazón, para que la vida gane la
batalla a la muerte, nos oxigenice y empape como lluvia fina, ante tanta
función de disfunciones, odios que nos repelen, rondan y acorralan
sutilmente.
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