Todo es para nuestro
bien
Walter Turnbull
Para llegar a la resurrección hay que pasar por la
cruz, pero después de la cuaresma y el Viernes Santo está el Domingo de
Pascua.
Recuerdo haber escuchado una homilía en media cuaresma. Hablaba de la
lamentable posibilidad de haber desperdiciado las dos o tres semanas que
habían transcurrido, y la oportunidad de aprovechar el tiempo que quedaba:
“Hermanos, que el cumplir más firmemente con nuestras prácticas de
cuaresma nos ahorre unos cuantos años de purgatorio, pienso yo que es una
buena oportunidad y una buena inversión...”.
Me
encantó la forma en que habló del purgatorio -que a muchos católicos
modernos nos suena a oscurantismo- sin titubeos; y también la forma en que
hablo de las ventajas -para nosotros- de buscar la santidad a través de
las obras de piedad.
Tanto
se nos ha insistido -y con toda razón- en no buscar a Dios por interés,
como una maquinita para solucionar nuestros problemas o para cumplir
nuestros caprichos, que a veces nos desviamos al lado contrario: Nos
centramos en la culpa y en el sacrificio. Olvidamos que Dios nos creó para
la felicidad. vergonzados por nuestros pecados, terminamos por pretender
amar a Dios sin esperar nada de él, como si Dios fuera la criatura y
nosotros fuéramos Dios. No me mueve mi Dios para quererte el cielo que me
tienes prometido...”
En
medio de tanta tribulación -enfermedades, crisis económica endémica,
guerras interminables, corrupción incurable, terrorismo que avanza,
epidemia de inmoralidad- podemos perder la alegría si perdemos de vista
nuestro destino final y nos concentramos sólo en lo negativo.
Necesitamos un sano equilibrio. Que los afanes del mundo no nos impidan
practicar la oración y el sacrificio y buscar el arrepentimiento y la
conversión; y que la visión de nuestras culpas y de nuestra miseria como
seres humanos no nos hagan olvidar que el Padre tiene preparada una morada
para nosotros, que Dios nos creó para compartir con nosotros su felicidad,
y que después del purgatorio está el cielo. El vivir esforzadamente la
cuaresma -o lo que quede de ella- es finalmente para nuestro bien. Para
llegar a la resurrección hay que pasar por la cruz, pero después de la
cuaresma y el Viernes Santo está el Domingo de Pascua.
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