Jesús, el hombre
libre
Francisco Baena Calvo
La vida de Jesús de Nazaret constituye, sin duda, uno
de los acontecimientos más singulares de la historia, al menos desde la
perspectiva greco-romana y la propia cultura occidental. Tan es así que
difícilmente podría entenderse esta cultura sin tener una visión histórica
y una referencia pretérita a este evento.
Probablemente, la figura de este desconocido judío en la Palestina romana,
verdadero lugar de exilio para mandos militares, poderes políticos y
soldados del ejército romano, adquiere proporciones gigantes tras su
muerte en cruz como un malhechor y blasfemo.
La
muerte de Jesús no es un hecho cruel desvinculado de toda su trayectoria
personal. Es consecuencia de su manera de vivir: su manera de relativizar
las tradiciones y las leyes consideradas sagradas para los israelitas; su
peculiar forma de interpretar las palabras y las sentencias de la Torá,
presentadas como palabra definitiva de Dios a los israelitas por mano de
Moisés; su pretendida autoridad y su atrevimiento para proclamase el
Mesías y el Enviado; su acercamiento a los desheredados y pecadores de
aquel tiempo; sus ataques a la autoridad religiosa y al Templo de
Jerusalén, considerado como verdadera mediación entre Dios y el hombre
judío; su independencia para no identificarse ni integrarse en ningun
grupo influyente de aquel tiempo (vg. grupo de los saduceos, fariseos,
esenios, zelotes); su arrolladora seducción para conectar con las masas
sin reivindicar la autoría de ningún grupo espiritual de importancia; su
desafiante relación con el Dios de los padres (el Dios de Abrahán, el Dios
de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de Moisés), provocando a los
religiosos llamando a este Dios de los padres con el término vulgar de "Abba"
(papaíto);... Y sobre todo, su descarada y provocadora libertad frente a
una sociedad tan organizada desde los cánones religiosos y con una
intromisión en el curso social y político de la misma.
La
libertad de Jesús es uno de los aspectos de su personalidad que más
sintoniza con el hombre de hoy, deseoso de superar los condicionamientos
que vive, y reclamando parámetros que les sirva de apoyo y referencia.
Encontrar en la historia nuestra personas que han luchado consigo mismo
contra el miedo y se han lanzado a vivir su vida criticando a las
instituciones y personas que ahogan la defensa del ser humano, es
estimulante y provoca recuperar la confianza en el ser humano.
La
libertad de Jesús se convierte cada día más en el punto de referencia más
autorizado para acercarnos a una Cristología Ascendente, que parta del
hombre Jesús para acceder a la divinidad del mismo.
Pienso
que Jesús de Nazaret se convierte en el gran paladín para acceder a una
libertad siempre pedida, siempre reclamada, siempre pendiente, y abra al
hombre actual hacia una cultura cada día más tolerante, más humana, más
fraterna, más solidaria, más personalizada.
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