Ver La Pasión con
otros ojos
Miguel Rivilla San Martín, Pbro.
Un simple consejo a cuantos se acerquen a ver el
controvertido filme de Mel Gibson, La Pasión de Cristo.
Por
favor, no vayas simplemente con curiosidad, como el que va a ver una peli
de estreno, de la que se hablará mucho y tendido, a favor o en contra . Ni
tampoco con prejuicios sobre la misma. No es una “peli más de romanos,” de
las que estamos saturados desde pequeños y cuyo argumento conocemos de
sobra.
Dispón
tu alma a participar de alguna manera en el drama más trascendente de
todos los siglos y busca tu papel de participante -¡tu propio retrato!-en
el argumento de la misma.
Sí,
amigo mío, vete con un mínimo de fe no sólo a mirar, sino a participar, en
una historia que te concierne personalmente. Por si te sirve de algo,
medita lo que uno de los primeros participantes de la Pasión real, el
apóstol Pedro dejó escrito sobre el tema: “Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Él no cometió pecado
ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban no devolvía el
insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en
manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecado, subió al
leño, para que muertos al pecado ,vivamos para la justicia. Sus heridas
nos han curado”.
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