De la escuela a la
vida: aprender a vivir
Víctor Corcoba Herrero
Necesitamos una nueva escolarización en un mundo
global, con escuelas en todos los pueblos, que para calmar la furia no hay
como un aula de amor leal a los derechos humanos, que por derecho se
imponga en todos los rincones humanos y en todos los humanos cobijos.
Por
muchas medidas que se acuerden de seguridad, que habrá que convenirlas
porque el mundo arde en odios y venganzas, tendremos que aprender a vivir
más en la vida, o lo que es lo mismo, a penetrar más, con el corazón en la
mano, en el universo del que formamos parte; libro que nos predispone al
diálogo sincero desde la fuente del crecimiento interior. Todo esto debe
empezar en la escuela. El planetario está llamado a fomentar estos liceos
docentes, que nos aliente a la cultura de la vida.
Porque lo más primario de la
persona humana es el derecho a que le dejen vivir y a dejar vivir. Nos
falta renacer frente a tantas atmósferas marchitas que nos impiden ver el
horizonte de la luz. El terror nos gana la batalla y la mejor manera de
combatirlo pasa por generar lugares de debate, entre todas las culturas y
entre todos los tipos humanos. Precisamos reclutar amantes de la vida, que
nos hagan ver que la vida debe ser más igualitaria para todos, porque los
derechos humanos no entienden de razas, ni de fronteras. La vida actual
nos mata más que nos vive, suscita injusticias que nos encabritan y nos
resta libertades a mansalva. Eso crea (y procrea) un volcán de violencias
difícil de calmar.
Los actos terroristas, vendaval
del nuevo siglo, nos apuntan a todos. Más tarde o más temprano, nadie está
a salvo. Esto es un cáncer que va a más, sino se ataja de raíz. Vivir con
dignidad no va a ser nada fácil. Convendría que los centros educativos de
todo el mundo, incluidos los de la madre patria, educasen más en la
integridad y coherencia, en los valores de siempre, pero para el mundo de
hoy. Ya nada es igual que ayer. Todo pasa veloz, como una explosión de
encontronazos, en una España que tampoco es ya España, sino parte de un
todo, que camina a la deriva, porque a pesar de los siglos, todavía no nos
han enseñado, ni hemos aprendido, a vivir con los que piensan distinto a
nosotros.
Necesitamos una nueva
escolarización en un mundo global, con escuelas en todos los pueblos, que
para calmar la furia no hay como un aula de amor leal a los derechos
humanos, que por derecho se imponga en todos los rincones humanos y en
todos los humanos cobijos. Si yo fuera Zapatero, que no lo soy a Dios
gracias, crearía otros ministerios distintos de los tradicionales, el de
la vivienda ya es un puntazo, -lo reconozco-, pero el de aprender a vivir
sería un aguijonazo a los cosechadores de muertes. Casi nada.
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