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Juegos de guerra

Felipe Santos

Postal al joven

La guerra preventiva ha pasado a otra esfera una vez que el mundo ha entrado en la espiral del terror. Ha llegado la era del miedo del siglo XXI. No solamente no ha crecido mucho la cultura de la paz, sino que, por el contrario, ha comenzado el “complejo militar-industrial-RECREATIVO que nos hace pensar y convivir con la guerra y la violencia como algo normal.

En los Estados Unidos los militares “juegan” a la guerra desde hace años. En concreto, desde que el cuerpo de “marines” plasmó una firma con la hacienda del “videoguerra” para el desarrollo del primer juego desarrollado por el Departamento de Defensa.

Tres años más tarde nació en California un centro de estudios con el fin de crear un lazo entre generales, profesores universitarios y la industria de los juegos con una financiación de 45 millones de dólares.

UNA GENERACIÓN DE GUERRA

Es una nueva generación de guerra la que ha nacido después del famoso 11 de septiembre. Han surgido muchos juegos, accesorios ligados a las guerras de Afganistán e Irak. Desde luego, a mi parecer, no tienen nada de inocentes. Los consideran pasatiempos patrióticos pero en realidad son intentos de extender la guerra incluso a los niños.

Están desapareciendo los soldados tradicionales para dar paso a las novedades de los juegos en los que se puede fusilar a Sadam, y presentan cosas sanguinarias. Se trata de una información que cada uno puede encontrar en Internet con escenas que honran a los primeros soldados caídos.

Buscan la creación de un clima de consenso para una guerra que, según muchos pueblos y la autoridad del Papa a la cabeza, la han tildado de ilegítima.

NO BASTAN LAS BANDERAS DE LA PAZ

No bastan las banderas para decir adiós a la guerra y a las armas. La cultura de la paz no se garantiza de una vez para siempre. Tanto los niños como los adultos están conmovidos por todo lo que ocurre en el mundo actual. Hay quienes exaltan el sacrificio de la vida en honor de la patria, y simplifican los valores de la paz y de la libertad glorificando a los militares caídos sin decir nunca a los ciudadanos qué intereses mueven el empleo de las fuerzas armadas.

La manipulación de las conciencias y de las mentes se facilita mediante el uso desprestigiado de los medios de comunicación social.

Los movimientos por la paz y los Institutos educativos no disponen de estos medios amplificados, de esa red mediática para que se haga creíble en los ciudadanos el abuso habitual de la fuerza en las relaciones internacionales.

Si el derecho internacional se sustituye por el recurso a la fuerza unilateral, nos encontramos lógicamente ante la espiral infinita de ocupación y terror.

LA LECCIÓN DEL “PRÍNCIPE” DE MAQUIAVELO

La lección del “Príncipe” de Maquiavelo se materializa hoy decretando el aislamiento de los propios adversarios por el consenso de la opinión pública. La información manipulada, empleada con prejuicios y sin tener en cuenta la moral, es semejante al veneno en pequeñas dosis: crea hábito hasta que logra que la persona pase de la realidad a la fantasía. Cuando en la guerra moderna se combate sin el consenso democrático, sino mediante la manipulación y el dominio de la opinión pública, la educación para la paz llega a ser cada vez más difícil para los educadores.

SIN DISPONER DE LOS INMENSOS RECURSOS ECONÓMICOS

Sin disponer de los inmensos recursos económicos, a los 40 años de la “Pacem in terris”(Paz en la tierra) y del Concilio Vaticano II,

el anciano Papa ha relanzado como un león el rugido de la primacía de la paz como testimonio crucial de la vida humana y cristiana.

Pero cuántos padres, profesores, trabajadores y pensionistas intentan educar a sus hijos en el espíritu de la paz, tal y como decía Cristo a sus discípulos después de la resurrección, pero en estas circunstancias les resulta todo un gran obstáculo. ¿Por qué siguen fabricándose juegos de guerra? No creo que sea como un simple juego. El fondo es maligno para la educación.

 
 

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