Conversando para
entender y darnos a entender
“La conversación es el proceso básico para unir a los
seres humanos”
Vemos con estupor que la gente
ya no habla la gente oye radio, ve la televisión y se llena de mucho
ruido. Es como una fábula que nos dice que en medio de esta “era de la
comunicación”, existe, sin equívocos, una extremada incomunicación. Los
avances tecnológicos en materia comunicacional han podido llegar, en
cuestión de segundos, a todas las partes, pero no ha logrado que la gente
se comunique más o rompa el aislamiento en que se encuentran. Cada día la
gente está más desolada y arrinconada en su propio monólogo.
Cuando dejamos de conversar
perdemos la grandiosa oportunidad de conocernos, de intercambiar y de
aumentar el flujo informativo a nivel personal y comunitario. Cuando se
deja de conversar se comienza gritar y al hacerlo se distorsionan los
mensajes y se hieren los sentimientos. Un grito afecta y enfurece, pues
van dirigidos siempre a ofender o llamar la atención de manera fuerte y,
por lo general, desproporcionada. Al dejar la conversación a un lado
perdemos la coordinación y tendemos a decir como cotorras repetidoras de
lo que oímos. Es un decir donde nos importa la persona como tal, sino
nuestro propio interés o beneficio. Aquí se tiende al mero juicio donde el
otro debe hacer, debió hacer, dejó de hacer o tiene que hacer para el bien
mío. Otro grave problema que se presenta es que si el otro no piensa como
uno se verá en vuelto en una crítica muy destructiva. Aparece, entonces,
una relación distante, inefectiva y con mucho roce o malestar.
El conversar es muy importante,
de lo contrario van apareciendo el ataque indiscriminado, la coacción, la
culpa al otro sin razón, la queja eterna que produce rabia y toda esa
relación termina en guerra y enfrentamiento. Esto sucede mucho a nivel
familiar. La mamá no habla grita a su hija y la hija, por defensa, también
grita y al hacerlo al unísono, no se oyen se ofenden. Esto a cada momento
y a cada día se convierte en un tire y escoge que frustra y tranca las
relaciones en la búsqueda de soluciones. También se nota en la relaciones
e conversación de los esposos. Ella, la esposa, conoce, descubre o
sospecha de alguna infidelidad, al no haber conversación ella no pregunta
sino reclama como un echo y, explosivamente, la respuesta del esposo es de
defensa o haciéndose el mártir, si fuese culpable. Son mecanismos que
brotan por sí solos al no existir una sana conversación.
Si supiéramos conversar la cosa
cambiaría. Todos necesitamos dar a conocer, entregar nuestras propias
necesidades comunicacionales. Recordemos que no somos islas y no podemos
estar aislados. Necesitamos comunicarnos y debemos hacerlo bien para
obtener el mejor provecho. Cada uno necesita conversar positivamente para
poder recibir respuestas verdaderas frente a nuestras prioridades. Por
tanto, debemos hablar construyendo, con respeto al otro, escuchando aunque
tengamos errores y esto hace brotar la disculpa y aplicamos mejoras a esa
acción de promover la acción en común, que viene a ser la esencia de la
comunicación. Es decir, este conversar se hace realidad porque se conocen
las realidades propias y a medida que converso voy conociendo las tuyas y
a la par las mías. Esta comunicación implica mayor atención en lo que digo
y en lo que escucho. De esto depende la veracidad de la conversación como
elemento comunicacional.
Me imagino que uno a los dos
años ya empieza a hablar, pero hablar no es conversar, pues la
conversación no es ambulancia que lleva sangre para el hospital, sino el
arte de darnos a entender y entender al otro. Son muchas las veces que
hablamos y muy pocas las que conversamos, ya que al final no nos
entendemos o no sacamos nada en claro. Ciertamente que conversar es una
comunicación que desea o tiene un objetivo. En toda sana conversación
deben haber elementos muy necesarios: ¿Están, los dos, en disposición de
escucha y que sea atenta? ¿El momento se presta para hacerlo? ¿El lugar es
el más apto? ¿Tengo la disponibilidad de dejar hablar y luego conversar?
Si estos elementos se hacen presente la conversación toma vida y da
resultados muy positivos. Con estos elementos podemos apreciar en detalles
la conversación del otro hacia mí y de mi persona hacia el otro. Es decir,
podemos mirar el interés de quien habla y de quien escucha. En conclusión
podemos tomar, en serio, lo que me interesa o lo que realmente quiero.
Aquí el escuchar es muy importante para el resultado final de la
conversación. De ahí que hay que repetir ¡Entendió! ¡A quedado alguna
duda! Para ir dándole fuerza y sentido a una positiva conversación.
Entre nosotros hay manías o
situaciones de conversaciones que se repiten muy a menudo. Por lo general
nos reunimos para conversar sobre otra persona. Esta conversación tiende a
destruir, si no se canaliza bien, pues el chisme es muy costoso, pero
entretiene. Costoso porque después de hacerlo jamás se puede recoger, como
tampoco si se despluma una gallina en el centro de la ciudad y al otro día
se intenta recoger las plumas para volver a cubrir la pobre gallina que
siente frío. Otra es, no saber pedir las cosas. Siempre pedimos lo que no
necesitamos y entonces cuando las necesitamos entramos en conflictos
porque tardan o porque no están a la mano. Habrá que tener en cuenta que
lo importante no es hablar o despellejar al otro o pedir por pedir. Aquí
la realidad es otra. Lo importantes no es hablar, sino escuchar y si
escuchamos “seriamente” encontraremos que muchas conversaciones son
inútiles o no sirven para construir, por tanto, hay que salir de ellas y
dejarlas al margen para no perder tiempo y llenarnos de complicaciones.
Conversar bien es dejar que el
otro se exprese libremente con respeto y espontaneidad. Es saber que
muchos silencios dicen más que mil palabras. Es aceptar lo que el otro es
en su carga de errores y virtudes. Es estar presente y atento. Es poder
escuchar para ser escuchados. Es comprender, de una vez por todas, que los
animales oyen, las personas escuchan; que escuchar es diferente a oír y si
hay conversación es porque quiero darme a conocer e interpretar lo que el
orto me quiere decir.
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