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Conversando para entender y darnos a entender

Padre Marcelo Rivas Sánchez / www.diosbendice.org

“La conversación es el proceso básico para unir a los seres humanos”

Vemos con estupor que la gente ya no habla la gente oye radio, ve la televisión y se llena de mucho ruido. Es como una fábula que nos dice que en medio de esta “era de la comunicación”, existe, sin equívocos, una extremada incomunicación. Los avances tecnológicos en materia comunicacional han podido llegar, en cuestión de segundos, a todas las partes, pero no ha logrado que la gente se comunique más o rompa el aislamiento en que se encuentran. Cada día la gente está más desolada y arrinconada en su propio monólogo.

Cuando dejamos de conversar perdemos la grandiosa oportunidad de conocernos, de intercambiar y de aumentar el flujo informativo a nivel personal y comunitario. Cuando se deja de conversar se comienza gritar y al hacerlo se distorsionan los mensajes y se hieren los sentimientos. Un grito afecta y enfurece, pues van dirigidos siempre a ofender o llamar la atención de manera fuerte y, por lo general, desproporcionada. Al dejar la conversación a un lado perdemos la coordinación y tendemos a decir como cotorras repetidoras de lo que oímos. Es un decir donde nos importa la persona como tal, sino nuestro propio interés o beneficio. Aquí se tiende al mero juicio donde el otro debe hacer, debió hacer, dejó de hacer o tiene que hacer para el bien mío. Otro grave problema que se presenta es que si el otro no piensa como uno se verá en vuelto en una crítica muy destructiva. Aparece, entonces, una relación distante, inefectiva y con mucho roce o malestar.

El conversar es muy importante, de lo contrario van apareciendo el ataque indiscriminado, la coacción, la culpa al otro sin razón, la queja eterna que produce rabia y toda esa relación termina en guerra y enfrentamiento. Esto sucede mucho a nivel familiar. La mamá no habla grita a su hija y la hija, por defensa, también grita y al hacerlo al unísono, no se oyen se ofenden. Esto a cada momento y a cada día se convierte en un tire y escoge que frustra y tranca las relaciones en la búsqueda de soluciones. También se nota en la relaciones e conversación de los esposos. Ella, la esposa, conoce, descubre o sospecha de alguna infidelidad, al no haber conversación ella no pregunta sino reclama como un echo y, explosivamente, la respuesta del esposo es de defensa o haciéndose el mártir, si fuese culpable. Son mecanismos que brotan por sí solos al no existir una sana conversación.

Si supiéramos conversar la cosa cambiaría. Todos necesitamos dar a conocer, entregar nuestras propias necesidades comunicacionales. Recordemos que no somos islas y no podemos estar aislados. Necesitamos comunicarnos y debemos hacerlo bien para obtener el mejor provecho. Cada uno necesita conversar positivamente para poder recibir respuestas verdaderas frente a nuestras prioridades. Por tanto, debemos hablar construyendo, con respeto al otro, escuchando aunque tengamos errores y esto hace brotar la disculpa y aplicamos mejoras a esa acción de promover la acción en común, que viene a ser la esencia de la comunicación. Es decir, este conversar se hace realidad porque se conocen las realidades propias y a medida que converso voy conociendo las tuyas y a la par las mías. Esta comunicación implica mayor atención en lo que digo y en lo que escucho. De esto depende la veracidad de la conversación como elemento comunicacional.

Me imagino que uno a los dos años ya empieza a hablar, pero hablar no es conversar, pues la conversación no es ambulancia que lleva sangre para el hospital, sino el arte de darnos a entender y entender al otro. Son muchas las veces que hablamos y muy pocas las que conversamos, ya que al final no nos entendemos o no sacamos nada en claro. Ciertamente que conversar es una comunicación que desea o tiene un objetivo. En toda sana conversación deben haber elementos muy necesarios: ¿Están, los dos, en disposición de escucha y que sea atenta? ¿El momento se presta para hacerlo? ¿El lugar es el más apto? ¿Tengo la disponibilidad de dejar hablar y luego conversar? Si estos elementos se hacen presente la conversación toma vida y da resultados muy positivos. Con estos elementos podemos apreciar en detalles la conversación del otro hacia mí y de mi persona hacia el otro. Es decir, podemos mirar el interés de quien habla y de quien escucha. En conclusión podemos tomar, en serio, lo que me interesa o lo que realmente quiero. Aquí el escuchar es muy importante para el resultado final de la conversación. De ahí que hay que repetir ¡Entendió! ¡A quedado alguna duda! Para ir dándole fuerza y sentido a una positiva conversación.

Entre nosotros hay manías o situaciones de conversaciones que se repiten muy a menudo. Por lo general nos reunimos para conversar sobre otra persona. Esta conversación tiende a destruir, si no se canaliza bien, pues el chisme es muy costoso, pero entretiene. Costoso porque después de hacerlo jamás se puede recoger, como tampoco si se despluma una gallina en el centro de la ciudad y al otro día se intenta recoger las plumas para volver a cubrir la pobre gallina que siente frío. Otra es, no saber pedir las cosas. Siempre pedimos lo que no necesitamos y entonces cuando las necesitamos entramos en conflictos porque tardan o porque no están a la mano. Habrá que tener en cuenta que lo importante no es hablar o despellejar al otro o pedir por pedir. Aquí la realidad es otra. Lo importantes no es hablar, sino escuchar y si escuchamos “seriamente” encontraremos que muchas conversaciones son inútiles o no sirven para construir, por tanto, hay que salir de ellas y dejarlas al margen para no perder tiempo y llenarnos de complicaciones.

Conversar bien es dejar que el otro se exprese libremente con respeto y espontaneidad. Es saber que muchos silencios dicen más que mil palabras. Es aceptar lo que el otro es en su carga de errores y virtudes. Es estar presente y atento. Es poder escuchar para ser escuchados. Es comprender, de una vez por todas, que los animales oyen, las personas escuchan; que escuchar es diferente a oír y si hay conversación es porque quiero darme a conocer e interpretar lo que el orto me quiere decir.

 
 

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