Adulterados por los
adultos
Víctor Corcoba Herrero
Cada día son más los niños que han dejado de ser niños
a destiempo.
Caminan con la mirada en el suelo, asolados por los
zarpazos de violencias y violaciones. Les han robado la alegría de vivir.
Adulterados por los adultos, en todas las latitudes, hay menores
profundamente heridos, muertos de miedo. Todas las estadísticas del globo
(globalizado) son escalofriantes, apuntan a un incremento de abusos
sexuales a menores, de instigación a la prostitución, al tráfico y uso de
drogas. Otras veces se les obliga a pedir o trabajar. En una parte del
mundo (en la pobre) se les enrola (adiós inocencia) para combatir. En la
otra (la rica) quedan marcados para siempre por la disgregación familiar y
el poco tiempo disponible para ellos.
No es saludable para el mundo haber cepillado la risa
de los dientes de leche, apropiarse de voces ingenuas, o embargar el gozo
de ser niño. ¿Por qué la dicha de ser niño es una desdicha para algunos?
Mientras que los niños del mundo rico tienen sobrepeso y carencias de
afectividad, los del mundo pobre, se mueren de hambre. De seguir así, con
estos desajustes, las Naciones Unidas, no podrán cumplir con los Objetivos
del Milenio de erradicar la pobreza extrema, mejorar la salud materna y
reducir más de 60% la mortalidad infantil para el 2015.
La multitud de dramas personales en una sociedad
farisaica, que todo lo divorcia y consume, como si fuese la vida una cosa,
tiene unos efectos de ruptura que perjudica a los más indefensos. ¿Cuántos
niños se encuentran sin hogar porque sus progenitores han fracasado como
familia? Lo pueden tener todo, pero carecen de lo más básico, el cariño de
sus padres unidos. Y también, ¿cuántos niños se encuentran sin techo
porque sus progenitores carecen del mínimo vital? Así tampoco se puede
avanzar, puesto que; esta situación, aminora la capacidad para llegar a
expresar al máximo el potencial de desarrollo y crecimiento que llevan
dentro.
El resultado final de esta esfera de contradicciones
nos lleva a una sociedad (la de los ricos) recluida en la soledad de un
ser amargado y frustrado, que ha cambiado el sano lenguaje poético del
amor, por el de las experiencias; y a otra sociedad (la de los pobres)
recluida en el desierto de todas las esclavitudes más amargas que se
pueden dar en la tierra. Y en medio, los niños, unos tragándose la pena y
otros penando por el hambre.
|