El machismo, una
enfermedad social
Pbro. Roberto Visier
Difícilmente se podrá encontrar una corriente de
pensamiento o estilo de vida tan arraigado en nuestra cultura latina, ni
más dañino para la convivencia familiar y por tanto para la sociedad que
el llamado “machismo”.
Difícilmente se podrá encontrar una corriente de
pensamiento o estilo de vida tan arraigado en nuestra cultura latina, ni
más dañino para la convivencia familiar y por tanto para la sociedad que
el llamado “machismo”. Es un modo de concebir el modo de comportarse y de
reaccionar que debe tener un ser humano marcado desde su nacimiento por la
propia naturaleza por el sexo masculino. Según los dogmas
“incuestionables” y cerrados de la doctrina machista este sería el retrato
robot o modelo de todo aquel que quiera ser tenido por todos por “un
hombre hecho y derecho”:
Manifestará su virilidad escupiendo con fuerza y
precisión.
Proferirá con frecuencia palabras fuertes, groseras u
obscenas con las que demostrará su fortaleza de carácter.
No se dejará someter por nadie, ni familiar, ni amigo.
Para ello estará dispuesto a caerse a golpes con quien haga falta y si es
posible tendrá a disposición un arma para sentirse más que los demás.
Será buen tomador de bebidas alcohólicas y cargará
siempre cigarrillos, si puede ser de los caros.
En lo sexual (que es “lo más importante”) presumirá de
tener muchas mujeres, hablará de ellas y con ellas con palabras picantes
de doble sentido, las mirará siempre como objetos de placer, será buen
amigo de la pornografía y si se tercia gastará parte de su sueldo en
mujeres de la calle.
En lo familiar le importará un comino la fidelidad a su
esposa, tratará con dureza a sus hijos, sintiéndose jefe supremo e
indiscutible de su clan, demostrándolo violentamente cuando sea preciso.
Declinará toda responsabilidad en la educación de sus hijos, haciéndola
recaer totalmente en la madre.
Jamás pedirá perdón por nada y no mostrará ningún signo
de debilidad como el ser excesivamente amable (excepto para conquistar una
nueva mujer). Estará totalmente prohibido llorar.
Reconozco que la descripción es caricaturesca, pero a
veces una caricatura expresa de un modo gráfico e incisivo grandes
verdades, sin embargo como mi habilidad no es precisamente el dibujo valga
esta descripción para que el que posea ese don o suficiente imaginación lo
pinte como quiera. De cualquier modo encontrará muchos modelos en las
licorerías o en las Tabernas. Naturalmente hay muchas variantes dentro de
la misma especie, dependiendo de la condición social sobre todo. En
varones de alta posición socio - económica el machismo puede ser muy
perfecto pero envuelto en formas más suaves o “sifrinas”.
De lo que no hay duda es de que, de momento, no está en
peligro de extinción, aunque en algunos ambientes la “emancipación” de la
mujer lo ha atenuado algo. Es muy curioso descubrir en muchas mujeres una
aceptación total o parcial de los principios machistas que se manifestaría
en convicciones como estas:
No existe hombre fiel, luego hay que aceptar o tolerar
la infidelidad del marido.
No importa ser la segunda mujer o la tercera o la
amante, no importa si el hombre es casado o ya tiene novia.
Es normal que el hombre se emborrache y tenga vicios,
“varón es varón”.
La mujer sola y en la casa y con la “pata quebrada”.
Estas actitudes presentes en muchas mujeres son
reveladoras al descubrirnos un panorama social ampliamente dominado por
“el macho”. Sin embargo, cada vez más, y por culpa del mismo machismo que
fomenta la irresponsabilidad masculina, la mujer va ocupando lugares más
destacados en la sociedad. No solamente ella es la gran educadora de los
hijos, sino también los docentes son mujeres, aumenta el número de
abogados, jueces, etc. del sexo femenino. La mujer se prepara más y cumple
mejor con sus responsabilidades. Así el varón va quedándose reducido a su
papel de macho, de semental, es decir, de animal, lo que en el mundo de la
abejas se ha llamado zángano y que se utiliza también para designar a la
persona floja e irresponsable. Efectivamente, la única función del zángano
en la colmena es fecundar a la abeja reina, los demás miembros de la
colmena llamadas obreras son las que recolectan el néctar de las flores y
fabrican el panal.
Sin duda, es un modelo muy rebajado de varón el que
esta bullendo en las mentes de nuestro jóvenes y adultos y eso está
afectando mucho a las familias. El próximo jueves más de lo mismo.
|