Pascua florida
Pascua florida de una infancia que no se agota.
Todo es resplandor en Pascua florida. Todo se viste de
color luz, que es un color transparente y de resurrección, un color que ha
dejado atrás los nubarrones de días pasados y ha pintado al cielo de
diafanidad. Todo es de un blanco muy especial, que es un blanco que va más
allá de lo blanco, que es un blanco que puede ser de cualquier otro tono
del arco iris primaveral porque se trata del blanco total.
Puede llamársele blanco de primavera, pero es más;
puede llamársele blanco de pincel de El Greco para pintar las albas
blancas, que son blancas de ese color porque son albas, pero es más que
eso. Dicen que Pascua florida es tiempo de agua de nieve, que es blanca la
nieve y transparente el agua. Aquellos regatos de mi niñez, agua de nieve,
florecillas variopintas de agua de nieve, deslizamiento del agua entre las
rocas todavía moteadas de nieve, nieve ajada del cielo desde el día del
Nacimiento y perpetuándose hasta ahora, la Pascua florida, la Pascua
resucitada.
Dicen que este es tiempo también de ángeles, que son de
un blanco inmaterial, porque son de espíritu, porque son de un blanco
resucitadamente transfigurado. Y es tiempo de aleluyas, que son canciones
angelicales blancas y que habían quedado enmudecidas por tanto dolor. Y es
un tiempo de alegría que estalla, de alegría casi rabiosa, contagiosa,
desafiante, decisiva.
Pues el campo resucitado en verdes blancos, en
amarillos blancos, en margaritas blancas, en almendros blanquísimos, en
toda la blancura que explota desde ese suelo regado por la blanca nieve. Y
es porque la resurrección es así, sin mácula, sin engaño, anunciando una
vida que nunca fenece, una vida eterna. Y es que la Pascua es así:
libertad por doquier, sepulcros vacíos, corazones limpios, esperanzas
nuevamente encontradas, pájaros que vuelven a cantar enamorándose, y hasta
reptiles que salen, resucitados, de sus sepulcros invernales. Y es que la
Pascua es lo que imprime sentido al tiempo aletargado, al tiempo muerto
porque lo mataron, al tiempo que, a pesar de todo, no pudieron rematarlo.
Pascua florida de una infancia que no se agota, de un
sabor a frescor blanco e inocente, de una resurrección que será eterna. Es
la Pascua de siempre: la Pascua florida de la Resurrección.
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