El soborno de la
resurrección
El soborno ha tomado carta de ciudadanía y ya
prácticamente no se puede medrar en aspecto alguno de la vida si no anda
de por medio el soborno.
Lo de dar dinero para sobornar no es algo nuevo; lo
sabíamos, aunque en este tiempo, según las reiteradas noticias mundial, es
moneda contante y sonante. Se soborna por todo y para todo. Se soborna
para callar o para declarar lo que no se debe. Se soborna para montar un
negocio o para desmontar otro ya en alza. Se soborna para comprar un voto,
mil votos, o para negar otro, otros. Se soborna para que un rumor tome
cuerpo y se convierta en esa verdad que no es. Pero donde más se soborna
es en el quehacer político con el fin de llegar hasta donde se puede, y
una vez llegado, para hacer lo que no se debe.
El soborno ha tomado carta de ciudadanía y ya
prácticamente no se puede medrar en aspecto alguno de la vida si no anda
de por medio el soborno. También se puede sobornar para que los todavía
vivos aparezcan como muertos, y los muertos que no lo son, permanezcan
para siempre en un sepulcro vacío.
Y esto, al parecer, fue lo que ocurrió cuando los
asustados soldados que custodiaban al muerto del calvario se percataron de
que el Crucificado ya no se encuentra donde debería estar, en el sepulcro:
“Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la
ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos,
reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados
una fuerte suma, encargándoles: decid que sus discípulos fueron de noche y
robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del
gobernador, nosotros nos lo ganaremos y los sacaremos de apuros”.
Un soborno en toda regla. Para aprehender a Jesús
comenzaron con el soborno de las treinta monedas; ahora, para negar la
resurrección continúan con el soborno de una fuerte suma. Y es que, al
parecer, no hay como el dinero, poderoso caballero que es, para lograr esa
alquimia mentirosa de trocar lo evidente en falsedad.
Es esta una estampa muy de nuestro tiempo, muy
políticamente de nuestro tiempo, y de nuestro entorno. Se inventan guerras
sobornando, se construyen accidentes sobornando, se calumnia al
contrincante sobornando, hasta es posible que se inventen atentados, de la
naturaleza que sea, política o económica, sobornando. Todo secuestro se
afinca en un fenómeno de soborno, también el secuestro de la intimidad,
también el secuestro del buen nombre, del honor. Dice Mateo que ellos
tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones y que esta
historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy. Y entre los no
judíos.
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