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La ilegalidad

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

Ya todos somos ilegales, o podemos serlo.

La ilegalidad del ciudadano depende del poder, es decir, de dar o de negar papeles, de acreditarte o no la documentación. Quien carece de señas de identidad no puede andar por la calle sin caer en el renglón de la sospecha. No anda el mundo para muchas libertades, y eso de pertenecer a un país u otro, eso de tener una profesión u otra, eso de tener dinero o no, te hace sumamente vulnerable, sospechoso, y te ponen en el punto de mira.

El visado para poder entrar a algunos países es asaz complicado. Quizá el caso más significativo sea el de Estados Unidos, sobre todo para los latinoamericanos y otras identidades. El caso del terrorismo ha complicado las cosas, y ya no es sencillo viajar de un lugar a otro sin resultar sospechoso. Quien presuma de ilegal por necesidad, como argumento para mantener a su familia, se equivoca; ese ya no es argumento. Quizá nunca lo haya sido, pero ahora, menos. Argumentar necesidad puede convertirse en excusa para tapar la verdadera identidad, la de pertenecer a una célula terrorista, de esas que se han globalizado una vez que el terrorismo aceptó como óptima la ciudadanía global.

Los ilegales andan esparcidos por todos los rincones del planeta. El gobierno español ha tenido que hacer la gracia del milagro de la legalización a los ilegales afectados por los percances en los atentados del 11-M. El resto, los que permanecen ilesos, continuarán sin papeles, escamoteando como puedan a las autoridades, esto es, ocultando su verdadera condición.

El asunto pica y se extiende, y ahora son los sacerdotes que intentan ejercer su profesión en Tierra Santa quienes han sido obligados a someterse a la ilegalidad. La noticia dice que “el gobierno israelí ha negado el visado de residencia a más de 130 frailes y monjas de la Iglesia Católica, generando así la incertidumbre y el miedo entre las comunidades religiosas en Tierra Santa”. Esto, obviamente, no ha agradado a El Vaticano, porque los frailes y las monjas, aunque sean de diferentes nacionalidades, son representantes de un Estado Católico que no hace mucha gracia a las autoridades israelíes. Así es que, por las calles de Tierra Santa cunde la ilegalidad sacerdotal y religiosa.

“Las trabas afectan esencialmente a los religiosos originarios de cualquier estado Árabe. En primer lugar, a los de Irak, Siria, Líbano, y a continuación a los de Jordania y Egipto”, lo cual induce a la sospecha. Lo cierto es que la “ilegalidad” se ha convertido en el pecado moderno para la privación legal de la libertad.

 
 

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