Responde el Papa al
anhelo de los mexicanos
¿Vendrá el papa Juan Pablo ll a Guadalajara el próximo
mes de octubre, cuando se lleve a cabo, del 10 al 17, el XLVlll Congreso
Eucarístico Internacional? Es la pregunta que se hacen millones de
mexicanos y de católicos en nuestro continente. La oportunidad de estar
con Juan Pablo ll, por sexta ocasión, sería un regalo inestimable para
México. ¿Cuál es el ánimo de Su Santidad ante este acontecimiento? ¿Qué
rostro presenta en su intimidad? ¿Cómo se encuentra de salud? El
Observador ha indagado el asunto y éstas son las respuestas.
La salud del Papa es hoy el factor determinante para
poder anunciar sus desplazamientos. No la voluntad. El «Papa viajero», el
peregrino de Cristo quisiera estar en todos los rincones del mundo donde
lo reclama el catolicismo, en auge durante su pontificado. Pronto -el 18
de mayo- cumplirá 84 años. Y la ocasión habrá de celebrarla con la
publicación de un nuevo libro autobiográfico, éste sobre su etapa como
sacerdote, obispo, arzobispo y cardenal en su Polonia querida.
Por cuestiones de esta naturaleza -aunque parece que el
Parkinson ha sido controlado por los médicos que lo atienden- la Oficina
de Prensa del Vaticano ha sido muy cuidadosa en confirmar los viajes de
Juan Pablo II para este año. Quizá Suiza, quizá México, quizá... Pero
¿cómo lo ve él? Ligado por una amistad que viene desde los tiempos del
Concilio Vaticano II -ambos fueron padres conciliares-, el arzobispo
emérito de San Luis Potosí, don Arturo Antonio Szymanzki Ramírez fue
recibido, en audiencia privada, por el Santo Padre el pasado sábado 27 de
marzo, previo a las celebraciones de Semana Santa que en su integridad
fueron presididas en Roma por Juan Pablo II. De estas cuestiones platicó
El Observador con monseñor Szymansky.
Primero que nada, la salud del Papa es estable
El día transcurría sosegado en los aposentos del Papa.
Había recibido al cardenal Lubomyr Husar, arzobispo mayor Lviv de los
Ucranianos y al cardenal Jean-Louis Tauran, archivero y bibliotecario de
la Santa Iglesia Romana. Tras el arzobispo emérito de San Luis Potosí, el
Santo Padre tan sólo recibiría al cardenal Giovanni Battista Re, prefecto
de la Congregación para los Obispos.
Monseñor Szymanski pasó acompañado de tres sacerdotes
de la arquidiócesis de San Luis Potosí, dos de ellos estudiando en Roma, y
de inmediato quedó a solas con el Papa. A sus recuerdos sobre los tiempos
del Concilio -Szymanski, por ascendencia paterna era considerado por el
grupo de obispos polacos como el único obispo «polaco» de México- vino,
rápidamente a la conversación el estado de salud del Papa. Monseñor
Szymanski ha constatado a El Observador que, contrario a la especulación
constante de los medios de comunicación, la salud del Papa es estable.
«Se hace notar que estaban preparando al Santo Padre
para las celebraciones agotadoras de la Semana Santa», platica monseñor
Szymanski. Y agrega: «Durante la plática, que duró según yo diez minutos y
según los sacerdotes que me acompañaron veinte minutos, el Papa se mostró
con absoluta lucidez, mejorado de su Parkinson, afable y se llevó una sola
ocasión el pañuelo a la boca», lo que quiere decir que ha controlado muy
bien la incontinencia salival que provoca la enfermedad en adultos mayores
como el Papa. Esto haría pensar la posibilidad de Guadalajara...
Está abierta la esperanza
El tema del Congreso Eucarístico Internacional de
octubre en Guadalajara no puede ser más querido por Juan Pablo II: «La
Eucaristía, Luz y Vida del Nuevo Milenio». A su última encíclica hay que
añadir las catequesis constantes del Santo Padre que hacen de la
Eucaristía el motor del catolicismo de cara a los retos que enfrenta la
Iglesia en el Tercer Milenio. Las citas son abundantes, y la última etapa
de la vida de Juan Pablo II se ha manifestado cercana al misticismo
derivado de la Presencia de Cristo en el mundo en la Sagrada Forma.
Por ello, y ante la evidencia de que su salud siendo
delicada permanece estable, monseñor Szymanski introdujo el tema en la
charla con el Papa. «Santidad -dijo-, en México estamos orando por que su
salud sea buena y porque le permita estar con nosotros en el Congreso
Eucarístico». Comenta monseñor Szymanski que un dejo de luz iluminó la
mirada del Papa a lo que respondió, en una repetición que denota el
entrañable amor por México: «Esperamos, esperamos».
Hay, pues, esperanza. Sería un regalo magnífico al
continente; una ocasión extraordinaria para refrendar la adhesión de
México al Sumo Pontífice y la ocasión de conversión a Cristo que muchos,
secretamente, están buscando. Ante tanta grandeza, dice monseñor Szymanski,
«se extiende una invitación a todos los católicos y hombres de buena fe,
para que recen y Dios permita la presencia del Papa en tierras mexicanas
el próximo mes de octubre». Petición a la cual El Observador se une con
gozo.
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