Gracias Mel Gibson
Miguel Rivilla San Martín
Es casi imposible permanecer indiferente o frío, ante
el relato del acontecimiento histórico, más importante e influyente en la
Historia de la Humanidad en el transcurso de los siglos.
Tras haber visto la singular obra de arte religioso,
que es la Pasión de Cristo, desde lo más profundo de mi corazón cristiano,
ha brotado un incontenible sentimiento de gratitud a Dios y a su
providencial instrumento, el director de cine australiano, Mel Gibson.
Confieso haber quedado muy impresionado e impactado por
el filme. En ningún momento de su proyección he podido ocultar o disimular
mi emoción y lágrimas, al sentirme inmerso, de pies a cabeza, desde el
primer fotograma al último, en el drama más trascendente de la humanidad,
que ha sido la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo..
De su certera mano de artista, de su inconmensurable
talento de cineasta y de su sensible corazón de creyente y de católico
practicante, ha brotado esta obra maestra del cine actual, que en los
designios de Dios clemente y misericordioso, está llamada a ser vista por
millones de seres humanos en los cuatro puntos cardinales de la Tierra. No
dudo que será la mejor predicación del Evangelio y una gracia
extraordinaria de Dios, llamando a la fe y a la conversión a esta pobre
humanidad desnortada y machacada.
Es casi imposible permanecer indiferente o frío, ante
el relato del acontecimiento histórico, más importante e influyente en la
Historia de la Humanidad en el transcurso de los siglos.
Mucho más importante y convincente que las prédicas,
sermones, pastorales, documentos y hasta encíclicas papales, que se han
pronunciado y escrito hasta el presente, considero el ver este singular
filme, que recomiendo vivamente a toda clase de personas, cualquiera sea
su grado de fe, de ideología o de conducta moral que tenga.¡Que ningún
cristiano se la pierda!
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