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Volver al camino

Padre Marcelo Rivas Sánchez / www.diosbendice.org

Cuando observamos a los distintos Medios de Comunicación encontramos situaciones muy difíciles para que nos toque concluir que el hombre está roto o tiene desinflada una de sus ruedas que lo hacen avanzar.

Somos hechura de Dios con elementos muy frágiles. Extremidades superiores e inferiores que las necesitamos, pero que con ellas nos atrevemos a golpear. Un conjunto de sentidos tan efectivos para enterarnos de todo pero con los encantos de muerte y desprecio por la vida ajena. Esto me lleva a hacer un llamado para que Volvamos al camino…

Recuerdo aquella madre que desde siempre le preguntaba a su hija. ¿Cuál es la parte del cuerpo más importante? Ella le iba respondiendo: los ojos. Su mamá le respondía que no, pues había mucha gente ciega y su vida tenía sentido y habían progresado. La madre seguía preguntando y la niña, la joven respondiendo: los brazos, los oídos, las piernas… Y la madre respondiendo que hay muchos sin ellos y habían progresado y han podido salir adelante. Llegó el momento en que se encuentran en el cementerio para enterrar el esposo y al padre de las dos mujeres. La madre volvió a preguntar. La hija no supo responder. La madre le dijo: Hija es el hombro donde se apoya la mano tierna y amiga para darnos fuerza en los peores momentos.

Este camino, muy nuestro, necesita muchos hombros que nos impulsen a caminar. Hombros que son como señales a la vera del camino. Para ello hace falta que alcemos la mirada, nos detengamos y los leamos con inteligencia y amor. El señor, Dios, les dice: “miren, voy a transformar a Jerusalén en alegría y su pueblo en gozo” (Isaías 65,17-21) es Dios quien aparece en medio de una sociedad legalista donde lo valedero era el cumplimiento de la ley para meterles en sus vidas la alegría del inicio y la fortaleza del avance para poder llegar al final. Cuando descubrimos esta presencia alegre no nos queda otra respuesta que la del salmo 29 “Te ensalzaré, Señor porque me haz librado” La pregunta que se hace el lector es: ¿De qué?

Jesús, compañero de ruta, vuelve a Galilea para recordar sus primeros pasos y participar de aquella vida tan propia de su entorno familiar. Aparece un Funcionario (Juan 4,43-54) quien necesita una curación para su hijo. Ante las palabras de Jesús creyó y se puso en camino. Aquí en el oriente los pescadores utilizan una técnica algarete, que consiste en dejar que el bote se deje llevar por el viento y ellos van pescando. Nosotros, los cristianos no podemos ir de esa manera, como decían nuestros abuelos “a la buena de Dios” pues mandarían los gustos, los caprichos, los sueños, las ilusiones irrealizables o de una lucha, convertida en batalla, por un premio al ganador. Dios nos ha señalado un camino, ciertamente de luchas y esfuerzos, para ello unas señales: los mandamientos y los sacramentos. Realidades efectivas, llenas de gracia y bendiciones, pero que sin la fe de nada servirían. Habrá que recordar que la gente busca a Jesús por las maravillas, lo espectacular de sus prodigios y milagros. Jesús les enseña que lo que importa es la fe en Dios vivo y real. Además, en nuestro caminar se debe despertar la confianza para avanzar, animarse y poder saltar los obstáculos que nos depara cada pie en la vida.

Es así como Dios actúa para despertar la fe, suscitando la confianza y ante esto el Funcionario y su familia comienzan a creer y al hacerlo renace la vida brotando el milagro en la salud del cuerpo y del alma. Es interesante observar al Funcionario que busca al Señor. No se queda de brazos cruzados. Salir al encuentro es dejarse guiar y proseguir la marcha con la gracia de aquel que lo conoce y sabe colocar luz donde hay oscuridad, fuerza donde hay debilidad, verdad donde hay mentira y vida donde hay muerte. Salir al encuentro de Jesús es pedir fuerza y acompañamiento para convertir los momentos de tristeza y desconfianza en el brillo de la alegría en un confiado compañero de camino: Cristo Jesús.

 
 

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