Dar el paso
Walter Turnbull
Otro año y otro propósito. Aunque hayamos fracasado
muchas veces. Cualquier día, cualquier intento puede ser el que deje algún
fruto, el que logre algún avance. “Echa otra vez las redes”.
Salimos de la Semana Santa -y de haber visto la
película de “La Pasión”- llenos de fervor y de propósitos de enmienda. Eso
es la Cuaresma y la Semana Santa y la Pascua. Sacrificio, muerte,
resurrección, glorificación; arrepentimiento, renuncia, renovación,
santidad. La Semana Santa es el tiempo fuerte del año litúrgico, el
momento privilegiado para procurar esa conversión, esa evolución del
pecado a la santidad que resume toda la vida del cristiano.
Otra Semana Santa, otro pecado que tratamos de dejar
atrás y otra virtud que queremos alcanzar. Muy probablemente el mismo
pecado y la misma virtud en que nos enfocamos el año pasado. Para el que
lleva varios años de emplear la Semana Santa en un intento de superación
espiritual, se empieza a volver rutinario este ciclo: hacer un examen de
conciencia motivados por el recuerdo de la pasión de Cristo, hacer un
firme propósito de dejar atrás el mayor de nuestros vicios inspirados por
su muerte que “hace nuevas todas las cosas”, y proponernos una nueva vida
animados por la resurrección y la compañía de Cristo entre nosotros “hasta
el fin de los tiempos”. Y al año siguiente, volver a hacer el mismo
propósito con el mismo pecado.
Qué difícil es cambiar. Qué difícil es avanzar hacia la
meta de la santidad. Para avanzar hay que dar pasos, hay que moverse.
Pasito a pasito, no hay atajos ni saltos. Y nuestro cristianismo es más
bien estático, inmóvil. Vivimos con la intención de llegar a la vida
eterna pero sin decidirnos a dar el primer paso. Tenemos miles de
pretextos, uno para cada pecado. Es que todos lo hacen, es que usted no
conoce a mi nuera, es que nos queremos, es que para mí es una necesidad,
es que eso es demasiado, es que así soy yo... total que queremos llegar a
ser como Cristo sin dejar de ser como nosotros.
Es difícil, no cabe duda. Si cada año lográramos
librarnos de un defecto (nombre que no nos gusta darle a los pecados) en
poco tiempo alcanzaríamos un nivel de santidad bastante aceptable, y el
caso es que el tiempo pasa y no lo hemos alcanzado. Pero así como es
difícil, es necesario.
Aquí es donde intervienen la esperanza y la
perseverancia. Otro año y otro propósito. Aunque hayamos fracasado muchas
veces. Cualquier día, cualquier intento puede ser el que deje algún fruto,
el que logre algún avance. “Echa otra vez las redes”. Nadie dijo que los
santos lo hayan logrado de la noche a la mañana. Tal vez esta Semana Santa
logremos dar un pasito definitivo, al que luego seguirá otro. Tal vez a
partir de hoy caigamos menos veces en ese misma pecado, o caigamos menos
fuerte. Es cosa de seguírselo proponiendo y pensar: ¿Qué cambio concreto
voy a realizar en mis hábitos, en mi carácter, en mi trato con los demás,
en mi uso del tiempo? Sin pretextos. Jesucristo ha muerto en la Cruz para
librarnos del pecado. Hay que seguir tratando.
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