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Nihilismo, terrorismo o la invasión del absurdo

Antonio Gómez

El hombre tiene necesidad de algo mas que la dicha sensible, y esto es la trascendencia.

En mis momentos de “neuras” y “depres”, me aflora esa influencia que en mi juventud tuvo Albert Camus, y de la que todavía no me he desprendido. Cuando, en mi ingenuidad, la revolución era mi principal meta y la forma de hacerla mi obsesión, siempre aparecía Camus en mi camino. Todo razonamiento de Camus hacia la rebelión, implicaba una naturaleza humana que era preciso respetar, una fraternidad terrestre que es preciso defender, un limite que no debe ser nunca traspasado: El que mata a otro hombre, porque cree que debe suprimir a un tirano, no puede justificarse más que aceptando él mismo la muerte como castigo.

Pero los jóvenes de mi época, pronto nos dimos cuenta de muchos fracasos, sobre todo después de la guerra civil. Para los hijos de la guerra española, se habían acabado las utopías, un mundo gris y triste invadía nuestras vidas. No obstante, y volviendo nuestra mirada a Europa, la Europa libre y añorada, descubríamos, también con tristeza, que negros nubarrones cubrían el cielo de la esperanza. La rebelión se había hecho revolución, creando el gran drama del siglo XX. Después del asesinato de Dios, el hombre estaba solo en el mundo, y aparece la tentación del nihilismo, y con éste el terrorismo individual; o del terrorismo estatal, con el fascismo, que como todos pudimos comprobar con el nazismo, se convierte en terror irracional. Por si esto fuera poco, vemos como fracasa la revolución de Marx, y un nuevo terrorismo peor todavía, que los anteriores, nace en la URSS, en su forma de terrorismo racional.

Descubrimos, que el verdadero fruto de la rebelión, no era, claro está, la revolución marxista, y menos la imposición de un sistema económico y político, por muy eficaz que éste pudiera parecer. Nunca debe ser sacrificada la libertad en función de la igualdad, cuando se sufre esta tentación, caemos en los totalitarismos tan en boga en el Siglo XX.

¿Pero que está ocurriendo ahora? ¿Vale todo? Bueno, pues parece que sí, en definitiva, “el todo vale” ha generado en nuestro país (España) y podíamos decir que casi en el mundo entero, un “cuasi” sentido nihilista. En occidente podemos decir, que es cierto, todo vale con tal de imponer mi posición, es como si un nuevo anarquismo-burgués, estuviese apareciendo. El aburrimiento lleva a inventar nuevos caminos, sobre todo cuando va acompañado de falta de ilusión y exceso de comodidad y dinero. La falta de un sentido de la vida, la necesidad de superar el tedio diario, hacen que aparezcan posturas ácratas y dogmatismo que podíamos creer superados, pero que de hecho no lo están.

Si esto ocurre en occidente ¿Qué decir de medio oriente? Después del barbarismo que Bush y sus satélites imponen a los iraquies, un infierno ha nacido en la zona. Parece como si un ejercito de nuevos diablos que no obedecen a nadie, se hubiese apoderado de todos.

Ante esta situación, nada parece tener sentido, todo está permitido, el que denuncia la pobreza moral de esta vida nihilista y vacía, es a su vez injuriado, maltratado, insultado, tachado de derechista, retrograda, defensor de la Iglesia... El hombre puede hacer todo aquello que le venga en gana: lo que importa es querer, obrar, aturdirse, evadirse, colocarse.! Liberado de viejos tabúes sexuales, religiosos, sociales, éticos, el hombre del neo-liberalismo y del mercado, se cree una especie de Dios que se estira al sol y “hace” el amor cuando le viene en gana, se “coloca” de lo que sea para sentirse mejor, para evadirse y bebe de todo como si de agua mineral se tratase.

Cuando rehusamos toda solución trascendente, al problema del absurdo, de la muerte, por la muerte, de la renuncia a la vida, el hombre se convierte en un objeto que nada vale. Después de muchos años, yo descubrí, en contestación a Camus, que la violencia que se hace a los otros, es un mal absoluto, que ningún hombre puede reparar, ni siquiera muriendo, porque con la propia muerte solo se justifica uno a sí mismo.

Los intelectuales, sobre todo franceses de la postguerra, se preguntaban, si la vida debe tener un sentido para ser vivida, o por el contrario, si la vida será tanto mejor vivida cuanto menos sentido tenga. Sin embargo, hoy, para colmo de desdichas, parece que ha ganado la segunda opción. Yo tengo a veces la sensación de vivir en un mundo “estropeado”. Si estropeado, como un reloj de los de antes, que ya no le funciona la cuerda. Aparentemente nada ha cambiado, todo sigue en su sitio, pero si acercamos el reloj al oído..., no se oye nada.

Sin embargo, la sociedad, los mandatarios globalizados, el hombre del mercado, deben tener claro que la vida tiene un sentido, merece ser vivida. Yo descubrí, que lo que para Camus era rebelión, para mi, era compromiso, lucha, porque si el hombre es algo, es compromiso. Lucha contra el mal, cuyo secreto final es el amor. El hombre tiene necesidad de algo mas que la dicha sensible, y esto es la trascendencia. La visión mística es tan importante para el mundo, para la salvación del hombre, como las reformas sociales más urgentes. Es necesario recuperar la noción de herencia espiritual que contrarreste el nihilismo de este mundo orgulloso y vacío.

 
 

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