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¡Resucitó! ¡Aleluya!

J. Antonio Doménech Corral

La resurrección de Cristo era el complemento que faltaba para la explicación completa del ser natural del hombre y de su insaciable sed de supervivencia.

¡Resucitó! Éste ha sido, en la madrugada del domingo día 11, el grito contenido de innumerables gargantas cristianas en todo el mundo saludando al nuevo día; después de una noche de vigilia esperando la Pascua de su Señor. Porque la resurrección de Cristo es, sin duda, el acontecimiento más desconcertante de toda la historia de la humanidad. Y una creencia fundamental del cristianismo, como afirma San Pablo: "Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe". Aunque ello choque frontalmente con todo lo que el racionalismo acostumbra a tener por verosímil.

Es cierto que los modernos estudios histórico-críticos nos ofrecen un planteamiento múltiple no exento de incertidumbres: ¿Se trata de un hecho realmente histórico? ¿La resurrección se refiere sólo a su obra, a su persona o también a su cuerpo?

El gran exegeta católico León-Defour dice: “A estos interrogantes sólo la fe puede dar una respuesta satisfactoria". Y un gran historiador como Renán, para quien nada perdura en la historia sino la verdad misma, dice también: "Aunque el edifico dogmático de la resurrección de Cristo parezca débil, perdura ya 2000 años; y eso lo dice todo”…

Y es que, por desconcertante que parezca a muchos el hecho de que Cristo saliera del sepulcro y viviera 40 días más una segunda vida sobre la tierra -hasta su ascensión a los cielos- es un hecho que pudo ser datado históricamente: “Al tercer día de su muerte”, afirma el "símbolo apostólico". O "el primer día de la semana” {domingo), como constatan los evangelistas.

Dicen verdad los que han afirmado que la resurrección de Cristo constituye "un acontecimiento central en la historia humana" y "una fiesta que pertenece a la esencia de la civilización occidental. Porque el acontecimiento hizo algo más que prender una esperanza en el hombre destinado a la muerte: transformó su concepción de 1a vida. Pues mientras que 1a filosofía clásica estuvo enseñando que el cuerpo era una cárcel, un mal para el hombre (Platón), el cristianismo establecía la base del respeto debido a un cuerpo que estaba destinado a la glorificación; y por consiguiente, la base de la dignidad humana al asociarlo al triunfo eterno junto al alma, en una resurrección de todos los hombres de la que Cristo es primicia. En verdad que la resurrección de Cristo es el complemento que faltaba para la explicación completa del ser natural del hombre y de su insaciable sed de supervivencia.

 
 

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