El Cristo de los
gitanos
“Es inconcebible, hoy en día, que los estudiantes
aprendan en la escuela quienes son los esquimales o los aborígenes
australianos y acaben la enseñanza sin que nadie les haya contado cuál es
el origen del pueblo gitano o qué es el romaní”.
No podía ser menos y tenía que
ser en Granada. En Granada, el Cristo de los gitanos fue paseado por las
calles al ritmo del paso gitano, que es un paso de ritmo sin igual. No sé
si sonó la copla que ideó para la ocasión Antonio Machado y que luego la
cantó en saeta catalana Joan Manuel Serrat: “Oh, la saeta, el cantar al
Cristo de los gitanos, siempre con sangre en las manos, siempre por
desenclavar. Cantar del pueblo andaluz que todas las primaveras anda
pidiendo escaleras para subir a la cruz. Oh, no eres tu mi cantar; no
puedo cantar, ni quiero, a ese Jesús del madero sino al que anduvo en la
mar”.
Y es que esta copla, esta saeta,
esta oración es tan gitana que solamente puede ser entonada por quien
lleve en el alma el espíritu de la trashumancia. Los gitanos son un pueblo
itinerante de por vida. Aunque se encuentren en un lugar geográfico
concreto nunca son de allí para siempre. Su sino es la libertad, que es
mucho decir, y quizá por ello todavía hoy, sobre ellos, cae el estigma del
prejuicio y del desprecio. Una ONG española se ha quejado con amargura:
“Es inconcebible, hoy en día, que los estudiantes aprendan en la escuela
quienes son los esquimales o los aborígenes australianos y acaben la
enseñanza sin que nadie les haya contado cuál es el origen del pueblo
gitano o qué es el romaní”.
El día 8 de abril se ha
celebrado el día internacional del pueblo gitano. Es un decir. ¿Quién sabe
que el 8 de abril, desde 1971, fue declarado día internacional del pueblo
gitano?. Y lo que es peor, celebrarlo significa casi celebrar una
anomalía, celebrar el derecho que tienen a todos los derechos de todos
esta comunidad gitana internacional que anda todavía errante pero con
identidad propia.
Nunca he estado en la procesión
de Semana Santa de la Cofradía de los gitanos en Granada, pero es una de
mis ilusiones, y quisiera que desde un balcón, al paso del Cristo, los
gitanos costaleros se detuvieran un momento en su ir y venir para rezar,
todos juntos, esa oración cantada que comienza así: “Oh, la saeta; el
cantar al Cristo de los gitanos, siempre con sangre en las manos, siempre
por desenclavar...”
Discurre por las calles de
Granada un alma de libertad que no tiene parangón. Por las noches se
refugia en las casas encaladas, que ellos llaman cuevas, y surge la
música, y se derrocha la alegría. Pero en Semana Santa los gitanos
granaínos sacan a su Cristo por las calles para que todos se enteren de su
creencia.
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