Dios Padre enséñanos
la paz
Las tareas para educarnos para la paz deben ser
prioritarias y nunca dejarlas para luego o decir “tranquilamente” que no
hay tiempo.
La Iglesia venezolana, en sus
obispos, está haciendo un llamado a una reconciliación general donde la
familia y la escuela están en el primer orden. Es un llamado muy útil y
necesario por el estado de cosas que se van caldeando a pesar de los
esfuerzos. Vemos que hay un enfrentamiento directo, duro y dejando a un
lado familia, compadrazgo, vecindad… para caer en una especie de telaraña
donde la violencia es la gran enredadora de la trampa mortal en la que
estamos todos envueltos.
La idea central de este escrito
es incentivar a una educación por la paz y así mostrar algunas estrategias
educativas a favor de la paz donde la violencia jamás tendrá la razón y
menos las personas que las quieren llevar encima como atuendo especial
para una lluvia de tristezas y desgracias. En primer lugar, la paz tiene
que ser y es la forma más natural del ser humano, aunque debo reconocer,
que pareciera que nos gusta más la guerra que la paz. Por ejemplo, en una
familia decente siempre aparece alguien que lucha por traer desgracia y
tristeza como el esposo que se lanza una canita al aire o el hijo que se
pega aquella enamorada olvidando todo y a todos… También las innumerables
guerras que se están tejiendo a lo largo y ancho del mundo entero o los
partes de guerra de cada fin de semana en nuestro país. En segundo lugar,
no olvidar la historia que nos narra lo amargado que ha sido aquellas
luchas de guerra y enfrentamientos donde la sangre y la muerte han
desfilado como autores principales en el escenario de aquellas guerras.
Guerras que buscaban todo los recursos para producir mayores muertes. Aquí
es importante que nuestros hijos las lean y las analicen sabiendo que
jamás habrá una buena guerra y menos cuando se quiere justificar. La mejor
guerra es la que se evita. En tercer lugar, resaltar la necesidad de la
paz para tener acceso al progreso. Necesario para echar andar un país. Las
aspiraciones de todos los pueblos es ver a sus hijos crecidos y fuertes,
acompañar en su amor al matrimonio para toda la vida, tener un mañana
lleno de mucha esperanza… En cuarto lugar, eliminar, por completo, la idea
de que la paz es imposible. Tesis diabólica que se viene repitiendo
especialmente por los perros de la guerra que en su carrera armamentista
lo va repitiendo e incluso publicitándolo de forma alegre y muy libre. En
quinto lugar, ir formando en la mente de nuestros niños la fuerza que nos
hace capaces de amar la paz. Cuando hablo de amar me refiero a que nadie
da lo que no conoce y mucho menos, nadie da lo que no tiene. Se hace
necesario que amemos la paz para poderla vivirla y entregar. En sexto
lugar, educar a nuestros hijos en la forma inteligente para poder
observar, leer y escuchar los mensajes de los Medios de la Comunicación.
Las tareas para educarnos para
la paz deben ser prioritarias y nunca dejarlas para luego o decir
“tranquilamente” que no hay tiempo. Es aquí el gran peligro que la
humanidad está absorbiendo con la pajilla o pitillo de una tubería bien
diseñada que transporta pura dinamita que nos estallará en las manos.
Llamados, pues, a una acción muy importante donde se debe amar de verdad
para que en medio de esta necesidad nazca la paz que tanto deseamos. Dios
nos dio ejemplo donde el amor produce amor del Padre (Juan 14,23). Ese
amor de Dios es el fundamento de la paz que nos hace contemplar la
misericordia como norma para recrear esa anhelada paz. Es un Dios que
dentro de la fidelidad mantendrá la misericordia de por vida, es decir,
siempre muy bien expresado en el Deuteronomio en el capítulo 7, de los
versículos 7 al 11. Cada vez que sentimos la violencia y la guerra toma
dimensiones gigantes se hace necesario que echemos una mirada a Dios para
suplicarle con el salmo 25 “Acuérdate Señor de que tu ternura y amor son
eternos” Desde siempre y para siempre Dios ha querido que nosotros vivamos
en la paz, porque esa paz se centra en un Dios que es amor. (1 Juan
4,7-12)
Aunque haya una tentación fuerte
hacia la guerra el llamado es a tomar conciencia, a reconocer como aquel
hijo pródigo recibido por su padre que salió corriendo, lo abrazó y lo
cubrió de besos en el evangelista Lucas que bellamente no lo narra en 15,
1… En este texto encontramos a un hijo que examina después de sufrir la
pena de haberlo perdido todo. Dentro de su pobreza, soledad, angustia
expresa que el amor serena los pensamientos agitados y trae paz al corazón
turbado por “ese hijo mayor” que quería hacer la guerra porque el hermano
menor se había comido todo. Este acontecimiento trae a la casa el hermoso
momento de la reconciliación tan necesaria para que nazca la paz. Por eso,
todos estos obligamos a aceptar la invitación de Cristo a la confianza y a
la paz basadas en el amor del Padre.
Para estos momentos, tan duros,
donde se impone el más fuerte y el materialismo concome las bases de las
virtudes y valores humanos, se hace necesario la presencia de Dios que nos
sale al paso para llamarnos, como al hijo prodigo, para entender que vivir
en indiferencia, en la violencia, en la lejanía rebelde y a ese
enfrentamiento lleno de caprichos y sinsabores es la tontería más
aberrante que ha destruido muchos hogares y demasiadas vidas. Por tanto,
la paz llegará cuando nosotros pongamos nuestra fuerza en el amor y el
perdón de unos para con los otros.
“Gracias, Dios fuente de vida,
por el amor con que nos has amado”.
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