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Ante la blasfemia

Miguel Rivilla San Martín, Pbro.

El mal avanza en el mundo por cobardía de los buenos. Si se deja sin contestación a los que faltan al respeto a Dios y a los demás, pronto nos veremos inmersos todos, hasta las cejas, en el chapapote de la inmundicia moral, que nos anegará.

No caben posturas ambiguas ni mirar para otro lado. Un cristiano de verdad, ha de reaccionar valiente y coherentemente con su fe profesada. Lo mismo que nadie queda indiferente ante el insulto a su padre o a su madre, así se ha de parar los pies y la lengua de los irrespetuosos blasfemos, que injurian públicamente a Dios, la Virgen o los santos.

Es cuestión de educación y sensibilidad. No basta la protesta, ni la apelación al derecho constitucional. Sería de desear la reacción inmediata del creyente, agredido en sus sentimientos íntimos, y a ser respetado como ciudadano.

Ante la blasfemia públicas, ante el honor de Dios manchado, los buenos hijos de Dios saben reaccionar públicamente: ”¡Bendito sea Dios¡.¡Bendito sea su santo nombre¡”.Tienen presentes las palabras de Jesús. “Quien se avergüence de Mí ,ante los hombres, me avergonzaré Yo de él ante mi Padre del cielo”.

 
 

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