Modas y modos que
nos vician
Víctor Corcoba Herrero
Hay modas que matan la vida. Poco respeto, compasión y
sensibilidad, muestran esas gentes que, a golpe de talón, televisan sus
desviaciones de homosexualidad, y se prestan a la chirigota, con sus
ademanes y comportamientos, muchas veces forzados, porque en realidad su
condición no es homosexual, y en cualquier caso, siempre fuera de lugar y
tono.
Hay modos que vician al hombre.
Días de orgullo que repelen al amor. Sí. El orvallo de jactancias siempre
secciona. Lo que fusiona es la humildad. No es de recibo, pues, querer
recibir, con el mismo status de ley humana, las uniones contrarias a la
ley natural. La familia genera vida siempre. Y la vida es demasiado breve
para que nos la compren para deleite de algunos y nos la vuelvan mezquina.
Ser o no ser, que diría el filósofo, esa es la cuestión.
¡Ay de aquéllos que dicen estar
de vuelta de todo y no han ido a ninguna parte, a lo sumo, a vender sus
historias y sus cuerpos por cuatro perras gordas a la tele! Qué bajo han
caído. Y qué alto deseo yo incriminar, discriminaciones injustas, por
razón sexual. Lo cortés no quita lo valiente. Una persona nula es algo
horrible. Pero hay otra cosa peor: un hombre anulado por dinero, que ha de
vivir como homosexual (o bisexual).
Resulta preocupante, además,
tantas salidas del armario verdaderamente impuestas, bajo el fomento de
engañosa propaganda. Hemos caído en las garras del consumo. Estas formas
de actuar, no benefician, en absoluto, la comprensión hacia las personas
que realmente tengan esta desviación. De un tiempo a esta parte, parece
que hemos dejado de ser machos y que todos somos de la otra orilla. Pues
no. Es otra forma de dominar a la persona, por parte de un “poder”
interesado de que así sea, de desordenar el orden.
No pretendo, pues, con esta
opinión, nada más que alentar en favor de la libertad de la persona,
también la de los homosexuales. Lo que si critico son esos
adoctrinamientos televisivos, donde las personas son auténticos animales
del sexo. Casi siempre pagados para que den el espectáculo, donde todo se
permite. Así no se ayuda a la homosexualidad. Ni a las personas que la
padecen. Porque, todavía en esta sociedad, se sufre esa lacra de señalar
con el dedo.
Al fin y al cabo, lo importante
no es que se reconozca la unión entre homosexuales, sino que se ayude a
que estas personas tengan comprensión y puedan realizarse como personas a
través del trabajo como derecho y deber, constitucionalmente reconocido.
Lo contrario es engañar, viciar el ambiente, errar en la búsqueda de la
felicidad. Los vicios adquiridos, también los del sexo, -con poco seso- ,
son como los huéspedes que de inmediato se adueñan de la casa de uno, sin
pedir permiso. En esto, como en tantas cosas actuales, la estrechez de
mentes es proporcional a la mentira.
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