Leyes humanas
Walter Turnbull
Es un hecho que la cultura de la muerte avanza. En
México teóricamente la constitución sigue defendiendo la vida desde el
momento de la concepción, pero los olvidos por parte de los legisladores
son cada vez más frecuentes y cada vez más peligrosos.
Como una broma de mal gusto,
como un chiste de humor negro, como una muestra del “sarcasmo de la vida”,
en la semana que se celebró el día del niño en México, ha salido a la luz
pública un incidente ocurrido a nivel de legisladores. El hecho ocurrió
sin ruido, como un pequeño ajuste de redacción. Las implicaciones morales
son enormes.
Yo lo escuché en un noticiario
católico y al principio no entendí muy bien de qué se trataba. La
explicación más clara y sucinta la encontré en la página “yoinfluyo.com”
del viernes 30 de Abril de 2004.
Hace casi un año, el Presidente
de la República envió una iniciativa para crear el Instituto Nacional de
Medicina Genómica con la CARACTERISTICA ESENCIAL de un respeto absoluto al
ser humano: “En ningún caso podrán ser sujetos de investigación las
células troncales humanas de embriones vivos o aquellos obtenidos por
transplante nuclear”
1. El 2 de diciembre pasado, la
Cámara de Diputados aprobó casi por unanimidad, con 425 votos a favor y 13
abstenciones, un artículo que estaba de acuerdo con esta propuesta
presidencial.
2. En la Cámara de Senadores se
votó para permitir la clonación y la experimentación con embriones:
personas en desarrollo.
3. De regreso a la Cámara de
Diputados, todos los diputados a excepción de 30 que se abstuvieron y de
la bancada del PAN, aprobaron la experimentación genética y la clonación.
Por un lado, es un hecho que la
cultura de la muerte avanza. En México teóricamente la constitución sigue
defendiendo la vida desde el momento de la concepción, pero los olvidos
por parte de los legisladores son cada vez más frecuentes y cada vez más
peligrosos. En este caso, por ejemplo, o ignoran lo que dice la
constitución o se las arreglan para entender que la experimentación con
embriones y la clonación no interfieren con ese derecho constitucional. A
los diputados que se negaron a aceptar las modificaciones, por supuesto se
les tachó de retrógradas, derechistas, confesionales, etc... la misma
lista de siempre.
Hay que admirar que en la
iniciativa del presidente Fox, estaba claramente especificada su voluntad
de evitar estos manejos. Ahora los legisladores le han “volteado la
tortilla”. Entre algunos círculos católicos, la esperanza es que el
presidente Fox vete la iniciativa de las cámaras.
Para mi gusto es mucho pedir. Un
presidente no puede, por convicciones morales o religiosas, oponerse a la
voluntad de su pueblo. Si la iniciativa estuviera de acuerdo con la ley o
si la sociedad quisiera cambiar la ley para que estuviera de acuerdo con
la iniciativa, el presidente tendría que someterse. Tendría que venir un
experto en doctrina social católica y en moral a explicarnos si en todo
caso un católico tendría que renunciar a la política, y, en el caso de Fox,
a su puesto, por no poder aplicar sus principios a las políticas del país.
Lo que sí podría hacer Fox es
obligar a las cámaras a respetar la voluntad del pueblo. Precisamente la
página “Yo influyo” (que recomiendo muchísimo) trata de hacer llegar a
oídos de los funcionarios y legisladores la voz de nosotros los mexicanos
comunes. Independientemente de la moralidad de fondo, en México hace 150
años -al menos- que se viene legislando contra la voluntad del pueblo. El
gobierno tiene la obligación de realizar una consulta seria (no como otras
que hacen para puras babosadas) al pueblo acerca de esta cuestión. Si el
pueblo dice “no a la clonación y a la manipulación de embriones”, se
descubrirá que los legisladores están traicionando al pueblo y se quedarán
con un palmo de narices. Si el pueblo dice “sí”, entonces nosotros
descubriremos que la cultura de la muerte nos está ganando la carrera y
tendremos que pensar seriamente si estamos cumpliendo nuestra misión como
católicos.
Los gobiernos, como institución
humana, tienen que buscar el bien común basados en lo que el hombre sabe.
Para eso son los gobiernos. La Iglesia, como institución divina, está
encargada de buscar la salvación del hombre basada en lo que Dios dice. No
podemos esperar que los gobiernos, y menos el presidente solito, se hagan
cargo de la salvación de los hombres. Para eso Dios fundó la Iglesia. Si
nosotros como católicos, y por lo mismo como evangelizadores, hacemos
nuestro trabajo, tarde o temprano la verdad saldrá a relucir y la sociedad
irá mejorando por sí sola, y los gobernantes traidores serán
desenmascarados.
Y, finalmente, si nosotros como
católicos hacemos bien nuestro trabajo y de todos modos la cultura de la
muerte avanza y la sociedad prefiere ignorar la verdad... Bueno, en ese
caso, a nadie se le puede salvar a fuerzas.
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