Hermano Oso…, Madre
Tierra.
Fernando José Vaquero Oroquieta
Hermano Oso (Brother bear), película infantil de la
factoría Disney recientemente estrenada en España, se sustenta en la
pseudoespiritualidad de la New Age: un auténtico panteísmo, de raíces
paganas y animistas, que se extiende por todo el mundo como expresión
religiosa de lo políticamente correcto; todo ello en total contraste con
la experiencia cristiana de un Dios personal.
Una nueva película de animación de la factoría Disney.
La factoría Disney ha estrenado en España, en fechas
cercanas a las celebraciones de la Semana Santa, su última película de
animación dirigida a los más pequeños: Hermano Oso.
En su publicidad, y coincidiendo en ello la mayoría de
comentaristas, el film ofrece -mediante buena música, efectos especiales y
una excelente animación- entretenimiento, diversión, una historia bien
tramada… y algo más.
La compañía Disney ha demostrado, en su ya larga vida,
una notable capacidad de adaptación a los tiempos que le ha tocado vivir.
Si en su día fue acusada de defender los valores sociales y familiares
entonces predominantes, descalificados por sus críticos como excesivamente
conservadores, en la actualidad, y desde hace unos lustros, viene
reflejando -o impulsando- los contravalores emergentes. Si en El Rey León,
por primera vez en una película dirigida a público infantil, era un
miembro del propio entorno familiar el desencadenante de la tragedia (Scar,
un tío de Simba, postergado, resentido y ambicioso), en Mulán, unos pocos
años después, asomaba un feminismo -en consonancia con los tiempos
actuales- inimaginable en una sociedad patriarcal e inmovilista como la de
la China asediada por los hunos. En esta ocasión, en Hermano Oso, es la
perspectiva pseudoespiritual de una de la vulgatas de la New Age, el lecho
sobre el que se asienta la trama y la moralidad presentada como deseable
al potencial público.
Pero, antes de seguir reflexionando, veamos algunos
aspectos de esta película.
Contenidos de la película.
Hermano Oso está dirigida por Aaron Blaise y Robert
Walker. Con una duración de 85 minutos, fue estrenada en USA el 24 de
octubre de 2003. Cuenta, además del concurso de prestigiosos guionistas,
con una magnífica banda musical elaborada por Mark Mancina y Phil Collins.
La historia transcurre entre los extraordinarios
paisajes del noroeste americano hace, ya, muchos años: una familia de tres
jóvenes hermanos esquimales contemporáneos de los -actualmente-
desaparecidos mamuts. Una vieja chamán encarna la sabiduría y la
religiosidad animista de una comunidad que, aparentemente, vive en armonía
con la naturaleza bajo la inspiración de una filosofía pacifista. En este
idílico contexto, el mayor de ellos se sacrificará para que se salven, los
otros dos, frente la agresión de una enorme osa. El ánimo de venganza de
Kenai, el más joven de los supervivientes, le llevará a ser transformado
en un oso por los “Grandes Espíritus” manifestados en forma de aurora
boreal, quienes pretenden que el muchacho crezca en conocimiento y
descubra el papel del amor en la vida.
Vivirá como un oso, sentirá como uno de ellos y, en el
recorrido de esa paradójica senda iniciática en busca de la montaña “donde
la luz toca la tierra”, entablará amistad con un pequeño oso: más tarde
sabremos que el propio Kenai mató a la madre del osezno en el desarrollo
del drama inicial. Ambos llegarán al “Salto del salmón”, un auténtico
paraíso terrenal para osos en el que Kenai, dolorido por su
descubrimiento, comprenderá el alcance de sus acciones y el daño que ha
acarreado a muchos seres al persistir en el camino de su venganza, frente
al del amor que le propuso la vieja chamán. Llegará a vislumbrar, de esta
dramática forma, su papel en la vida, por lo que apenas dudará en tomar su
decisión vital cuando, en la tesitura de optar -entre la forma de hombre o
la de oso- que le presentan los “Grandes Espíritus” -al término de la
película, y cuya respuesta no desvelaremos- tiene que decidirse
finalmente. En cualquiera caso, una u otra respuesta ya es indiferente: la
filosofía de la película se nos presenta diáfana.
Una expresión de la New Age dirigida a niños.
Conforme este argumento, hombres, osos y, por
extensión, todo animal, experimentarían similares sentimientos,
disfrutando de una inteligencia análoga y, en definitiva, siendo
acreedores de la misma dignidad. La naturaleza proporcionaría, siempre
según la película, un equilibrio lógico y total en el que, conforme el
estribillo de una de las canciones de la cinta, todo ser vivo ocuparía su
espacio con dignidad, en tanto sean respetadas las leyes naturales.
Y, en el caso de los hombres, los “Grandes Espíritus”
intervendrían ocasionalmente para restablecer el equilibrio roto por algún
desatino humano.
Ese “algo más” que mencionábamos en el segundo párrafo
de este breve artículo, en definitiva, es eso: una versión blanda del
culto a la Madre Tierra practicado por nuestros antepasados animistas, que
racionalizarían, en un panteísmo impersonal, ilustres pensadores y
teólogos, y que hoy día cuenta con diversas formulaciones y muchos
seguidores entre las numerosas corrientes que integran la New Age.
No se trata, por lo tanto, de una filosofía indiferente
que pueda ser asumida acríticamente. En la película hay espectáculo,
atractivo sin duda, pero hay mucho más. De entrada, hay que recordar que
la perspectiva panteísta y pagana que mencionamos no es compatible con el
cristianismo. Una cosa es respetar a la naturaleza y otra, muy distinta,
equiparar en dignidad y derechos a hombres con cualesquiera otros seres
vivos. Por esa vía, sólo se rebaja la dignidad del hombre… Por otra parte,
poco tiene que ver el destino ciego, que propone al hombre, este paganismo
reverdecido -comprensible únicamente mediante ritos y danzas, el estudio
de símbolos y por la intermediación de mentes privilegiadas inspiradas por
oscuras “fuerzas superiores”- con el Dios personal del cristianismo que se
comunica con sus criaturas predilectas, los hombres, reservándoles un
destino bueno y adecuado a su naturaleza. Nada menos.
No negamos algunas virtudes a esta película. Muchas de
sus propuestas pudieran asumirse: el respeto a la naturaleza, el valor de
la familia y de la comunidad, la importancia del conocimiento de la propia
personalidad, el papel de la inteligencia, el amor y de la razón… pero
desde otras bases, lo que acarrea, en buena lógica, consecuencias muy
distintas. Debemos ser críticos, por lo tanto, mirar con los ojos bien
abiertos y la inteligencia despierta; y no comulgar con ruedas de molino.
La New Age está de moda. Su pseudoespiritualidad es la
expresión de un consenso mundialista que permite al hombre de hoy, que aún
tiene inquietudes religiosas, poder vivirlas, pero siempre que lo haga de
forma individualista y fuera de las “grandes religiones oficiales”.
Hermano Oso es fiel expresión, así, de la nueva ética
de la globalización y del supermercado mundial de la pseudoespiritualidad
políticamente correcta. Todo ello deberá tenerse en cuenta cuando
disfrutemos de esta película para evitar caer bajo la maquinaria de lo
religiosamente correcto de hoy.
Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 80,
abril de 2004.
|