Los gitanos también
son de Dios
Víctor Corcoba Herrero
Hubo mucho corazón unido, y es que los gitanos,
también son de Dios en la Europa de tantos intereses mercantilistas.
Hace unos días recibí una
invitación, enviada por un grupo de gitanos y payos, donde se me
participaba el deseo de que acudiese a un encuentro de culturas. El asunto
me pareció que tenía cierto interés, y no lo pensé dos veces, me puse en
camino. Aunque sus raíces culturales son muy distintas unas de otras,
concurren, sin embargo, algunos rasgos gitanos que siempre me han
fascinado, como es la lealtad a la familia y la defensa entre los suyos.
Son como una piña, apiñados como hermanos se crecen y lloran unidos las
penas.
Antes de tomar asiento, pregunté
por las autoridades, y cuál fue mi sorpresa, que me presentan al cura del
barrio, junto a otras personas, que dicen ser los directores de
Secretariados de Apostolado Gitano. Insisto en mi pretensión,
preguntándoles directamente por los dirigentes de la barriada, por los
políticos. De golpe, ahora sí, me contestan varios: “¡esos no vienen nada
más que cuando tenemos que votar!” Hice un gesto de resignación y tomé
suelo, - las sillas eran insuficientes-, no sin antes advertirme un
gitano, vestido de gala para la ocasión, que no me preocupase, puesto que
estas personas buenas consiguen más que los “cuentistas” . Me sonrío, él
hace lo mismo, y un gitano comienza a hablar. Silencio absoluto.
Con los oídos en alto, para
escuchar la voz de los sin voz, voy tomando nota de lo que dicen.
Reconocen que, aunque se ha avanzado en su promoción social, todavía queda
mucho por hacer. Son una minoría importante, que muy pocos los consideran,
con su identidad y costumbres que deben ser respetadas. Malviven en la
marginación y el paro. Critican el mundo de las drogas, se consideran
víctimas del dinero fácil. Gracias al cura, muchos comen. Lo reconocen, le
dan miles de gracias, lo aplauden a rabiar, y un flamenco le dedica un
quejío.... ¡cuánta emoción y cuánto arte!
No tiene más remedio que tomar
la palabra. Lo hace. Se le ve emocionado como a ellos. Agradece las palmas
y el cariño de todos. “El que da, recibe” -lo dice un confidente gitano,
que no me deja ni a sol, ni a sombra. Al final el cura habla, y dice:
“Ciertamente una pastoral de la Iglesia católica para los hambrientos,
debe atender su necesidad inmediata de comida. Sin embargo, dar de comer
no constituye todo el objetivo de esta pastoral, aunque a través de
Cáritas y diversas congregaciones lo hagamos como es natural”.
Pues no debiera ser normal. De
pronto, me vienen a la memoria tantas ventanillas sociales pagadas con el
dinero de todos los contribuyentes, y antes de morderme la lengua, yo
también quiero decir, y lo dije con el corazón en un puño, al ver tantos
niños con cara de pena y tantas madres desconsoladas por sus hijos, que
eran ellos, los gitanos, los que a veces debieran ejercer alguna presión
pública y política contra fuerzas pasivas a su situación, de forma que el
hambriento pueda ser alimentado y puedan crearse las condiciones que
continúen asegurando su sustento, ese mínimo vital al que todos tenemos
derecho por ser personas.
Anoté en mi agenda, que al cura
y su cónclave de solidarios, nadie los interrumpía. Eran como sus
salvadores. Le pedían opinión para todo. Creo, que al fin y al cabo,
realizan más trabajo asistencial que pastoral. Se dirigían con mucho amor
hacia ellos, libres de prejuicios, con total apertura. Yo, bajo la
protección de estos “dioses humanos”, me dejé también guiar por ellos, y
compartimos mesa y mantel, con apenas unas viandas. Al final de la
jornada, ya metidos en la noche y de regreso, pensaba en ellos, en lo
afectivos que son, a pesar de tantas marginaciones, injusticias y
explotaciones.
En verdad, sólo cuando uno se
siente respetado y amado es posible el encuentro con su cultura. Allí la
hubo, porque hubo mucho corazón unido. Y es que los gitanos, también son
de Dios en la Europa de tantos intereses mercantilistas. Si es grande ser
grande en la Comunidad Europea, más grande es ser humano en la Comunidad
Gitana. Os recuerdo y os abrazo.
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