Una verdadera escena de amor: Pentecostés
Padre Marcelo Rivas Sánchez
Qué día tan grande para todos, este día de
Pentecostés, donde resuenan aquellas palabras de Jesús en el Cenáculo: “Es
mejor que me vaya para que el Espíritu Santo les enseñe toda la verdad”
Dice la antífona
de entrada para este día tan solemne: “El Espíritu del Señor llena la
tierra; Él da unidad a todas las cosas y hace comprender en todas las
lenguas. Aleluya” Hoy, más que nunca es lo que necesitamos para llegar a
acuerdos serios que hagan que la humanidad crezca y sea correspondida en
el amor que tanto necesitamos. Por eso en la oración colecta decimos:
“Dios nuestro, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia
extendida por todas las naciones; concede al mundo entero los dones de tu
Espíritu Santo y continúa realizando hoy, en el corazón de tus fieles, la
unidad y el amor de la primitiva Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Qué día
tan grande para todos, este día de Pentecostés, donde resuenan aquellas
palabras de Jesús en el Cenáculo: “Es mejor que me vaya para que el
Espíritu Santo les enseñe toda la verdad” (Juan 16,7). Qué fiesta de
recuerdos y palabras cumplidas cuando en aquella Ascensión les gritó: “No
se vayan hasta que les envíe el Espíritu Santo” (hechos 1,7-8). Qué manera
de entregarse y a la vez de hacerse fuerte. Da la vida en la cruz y la
vence con la Resurrección; se hace alimento en el Pan Eucarístico y, para
que comprendamos los pasos de la salvación, hoy y siempre, nos deja al
Espíritu Santo.
El
Espíritu Santo que llenó a todos de su fuerza hace posible que se pierda
el miedo para que aquellas lenguas de fuego fueran dorando las nuevas
vidas y las convirtiera en testigos parlantes de las grandezas de Dios que
se entendían en una variada humanidad (Hechos 2,1-11). No solamente te
alabamos Señor, sino que te suplicamos con el salmo 103 que mandes tu
Espíritu para que renueves la faz de la tierra. Esta tierra que tiene
tantos obstáculos para convivir como hermanos. Por eso es, que eres
grande, creando, renovando para que todos te demos gloria. Pero nadie lo
podrá hacer si no está movido por el Espíritu Santo (1 Corintios 12,3
-13). Es en su presencia que hay carismas (1 Corintios 12-13-14), muchos
servicios, inmensidad de actividades para que formemos un solo cuerpo
porque hay un solo Espíritu.
Hoy la
Iglesia agita sus campanas y entona con gozo el canto del Gloria de la
alabanza en la presencia de Dios y con fina voz, antes del Evangelio,
recita la Secuencia:
Ven, Espíritu
divino,
manda tu luz
desde el cielo.
Padre amoroso
del pobre;
don, en tus
dones espléndido;
luz que penetra
las almas;
fuente del mayor
consuelo.
Ven, dulce
huésped del alma,
descanso de
nuestro esfuerzo,
tregua en el
duro trabajo,
brisa en las
horas de fuego,
gozo que enjuga
las lágrimas
y reconforta en
los duelos.
Entra hasta el
fondo del alma,
divina luz, y
enriquécenos.
Mira el vacío
del hombre
si Tú le faltas
por dentro;
mira el poder
del pecado
cuando no envías
tu aliento.
Riega la tierra
en sequía,
sana el corazón
enfermo,
lava las
manchas, infunde
calor de vida en
el hielo,
doma el espíritu
indómito,
guía al que
tuerce el sendero.
Reparte tus
siete dones
según la fe de
tus siervos.
Por tu bondad y
tu gracia
dale al esfuerzo
su mérito;
salva al que
busca salvarse
y danos tu gozo
eterno.
Amén.
Hoy es el día de
la gran alegría de la Iglesia que peregrina por esta tierra para que en su
caminar siga repitiendo:
Aleluya,
aleluya.
Ven,
Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el
fuego de tu amor.
Aleluya
Oración confiada que penetra los
oídos, bien despiertos, del Dios de la historia que en Jesús se hace
humanidad para el camino, la verdad y la vida. Es, pues, el amor infinito
de Dios que supera la muerte, gana la vida y constando las marcas del
sufrimiento entra donde están escondidos los asustados discípulos y les
dice: “La paz esté con ustedes” por dos veces y enseguida agregó: “Reciban
el Espíritu Santo” (Juan 20,19-23) Aparición, abrazo de paz, soplo de
aliento de vida, entrega del Espíritu Santo y el mandato del perdón. Qué
escena de subida y bajada de telones para que llamemos a la obra:
Pentecostés. Es decir, la presencia del Dios del amor y no se diga más.
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