Troya
Miguel
Rivilla San Martín
La superproducción Troya es, incomparablemente,
muchísimo más violenta que LA PASIÓN
Casi al mismo tiempo se han estrenado y
en bastantes multicines están en cartelera, las películas LA
PASIÓN de Mel Gibson y
TROYA de Wolfgang Petersen.
Muchos
cinéfilos recordamos la campaña de frontal rechazo que causó la primera, a
la que algunos críticos, un tanto puristas, y otros comparsas, tacharon,
sin más, de “muy violenta, con excesiva sangre y no recomendable a
personas sensibles”.
La
superproducción Troya es, incomparablemente, muchísimo más violenta, con
repetidas y brutales escenas de derramamiento de sangre y de impactantes y
crueles muertes a gogó.
Sería
lógico y coherente que cuantos pusieron el grito en el cielo por la
violencia de LA PASIÓN, rechazasen y no recomendasen TROYA a casi nadie.
Apuesto lo
que quieran que nada de esto sucederá, pues la coherencia es la asignatura
pendiente de algunos críticos y de sus mariachis.
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