El horror
Blair y Bush están horrorizados. Aznar ni pío.
Blair está
horrorizado. Bush también. Aznar, no sé. Todavía no ha dicho esta boca es
mía. Aquí todo el mundo está horrorizado menos Aznar. Aznar se ha
convertido en escritor de su propia y personal memoria porque ya no puede
pronunciar palabras a no ser en universidades norteamericanas y de tiempo
en tiempo. Hay personas que hablan demasiado cuando tienen que callarse y
no dicen ni pío cuando tienen que gritar. Se trata de la ética del
silencio, que es la ética de la culpabilidad, del escarnio, de la derrota
no asimilada, de la insensibilidad, de la cobardía.
Estoy
refiriéndome a las fotos. Sí, a esas fotos de los prisioneros iraquíes. A
esas fotos que nos han llegado como una bofetada en el postre de la
contienda, como el caramelo más amargo que uno puede degustar a la fuerza.
Se trata de unas fotografías para el horror. Para el horror de Blair. Para
el horror de Bush. Aznar ya no siente horror, ya no siente nada. Se trata
de unas fotografías más despreciables si cabe, que ya es caber, que las de
los atentados de Atocha.
Bush está
horrorizado. Blair También. Aznar ni pío. Parece que esta es una guerra de
descuidos, de casualidades, de equivocaciones, de por si acasos. Una
guerra preventiva. Una guerra para que los demás tomen nota, para que
nadie se descarríe, para que vayamos aprendiendo cómo serán las guerras
que vienen. Y es que esto se veía venir. Todos los veían venir, incluido
Bush, incluido Blair. Aznar no lo vio venir porque Aznar no ha visto más
allá de sus propias narices. Y es que en las guerras todo es posible,
desde los actos de heroísmo hasta los actos de degradación.
Si no las
han visto, no las vean. Y no entiendo por qué las han publicado, para
escarmiento de quién, era preferible que continuáramos siendo ingenuos,
que siguiéramos comulgando con la rueda de molino de la teología política
y disuasoria de Bush, Blair y Aznar. Era mejor continuar con el engaño,
con la farsa, con el bigotito a lo Hitler, con la fotografía de las
Azores. Era mejor hundir la cabeza, como el avestruz, en las arenas del
desierto para continuar pensando que lo que no se ve, no existe. Era mejor
continuar dudando: que sí, que yo puedo estar equivocado, que la guerra es
una necesidad, que los que mueren es necesario que mueran para que haya un
mundo mejor, que los sacrificios así, de esta manera, son inevitables, que
todo es para mejor.
Blair y
Bush están horrorizados. Aznar ni pío. No sé por qué a las personas se les
congela el corazón. Un humorista lo ha dicho: “Las guerras estás
justificadas cuando el mal que producen es a otros”. Pues ya está. De
horror, nada. Sí ética preventiva, de escalofrío, de degradación, de
miseria, todo. Si no hubiera visto las fotos, no lo creería, pero las vi,
y me siento mal, muy mal, porque uno todavía albergaba la esperanza de que
lo malo, por malo que fuera, pudiera servir para algo. Pero no. Ahí están
las fotografías y es más que suficiente.
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