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El horror

Adolfo Carreto / www.avmradio.org

Blair y Bush están horrorizados. Aznar ni pío.

Blair está horrorizado. Bush también. Aznar, no sé. Todavía no ha dicho esta boca es mía. Aquí todo el mundo está horrorizado menos Aznar. Aznar se ha convertido en escritor de su propia y personal memoria porque ya no puede pronunciar palabras a no ser en universidades norteamericanas y de tiempo en tiempo. Hay personas que hablan demasiado cuando tienen que callarse y no dicen ni pío cuando tienen que gritar. Se trata de la ética del silencio, que es la ética de la culpabilidad, del escarnio, de la derrota no asimilada, de la insensibilidad, de la cobardía.

Estoy refiriéndome a las fotos. Sí, a esas fotos de los prisioneros iraquíes. A esas fotos que nos han llegado como una bofetada en el postre de la contienda, como el caramelo más amargo que uno puede degustar a la fuerza. Se trata de unas fotografías para el horror. Para el horror de Blair. Para el horror de Bush. Aznar ya no siente horror, ya no siente nada. Se trata de unas fotografías más despreciables si cabe, que ya es caber, que las de los atentados de Atocha.

Bush está horrorizado. Blair También. Aznar ni pío. Parece que esta es una guerra de descuidos, de casualidades, de equivocaciones, de por si acasos. Una guerra preventiva. Una guerra para que los demás tomen nota, para que nadie se descarríe, para que vayamos aprendiendo cómo serán las guerras que vienen. Y es que esto se veía venir. Todos los veían venir, incluido Bush, incluido Blair. Aznar no lo vio venir porque Aznar no ha visto más allá de sus propias narices. Y es que en las guerras todo es posible, desde los actos de heroísmo hasta los actos de degradación.

Si no las han visto, no las vean. Y no entiendo por qué las han publicado, para escarmiento de quién, era preferible que continuáramos siendo ingenuos, que siguiéramos comulgando con la rueda de molino de la teología política y disuasoria de Bush, Blair y Aznar. Era mejor continuar con el engaño, con la farsa, con el bigotito a lo Hitler, con la fotografía de las Azores. Era mejor hundir la cabeza, como el avestruz, en las arenas del desierto para continuar pensando que lo que no se ve, no existe. Era mejor continuar dudando: que sí, que yo puedo estar equivocado, que la guerra es una necesidad, que los que mueren es necesario que mueran para que haya un mundo mejor, que los sacrificios así, de esta manera, son inevitables, que todo es para mejor.

Blair y Bush están horrorizados. Aznar ni pío. No sé por qué a las personas se les congela el corazón. Un humorista lo ha dicho: “Las guerras estás justificadas cuando el mal que producen es a otros”. Pues ya está. De horror, nada. Sí ética preventiva, de escalofrío, de degradación, de miseria, todo. Si no hubiera visto las fotos, no lo creería, pero las vi, y me siento mal, muy mal, porque uno todavía albergaba la esperanza de que lo malo, por malo que fuera, pudiera servir para algo. Pero no. Ahí están las fotografías y es más que suficiente.

 
 

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