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El hombre como accidente

Antonio Gómez

¿Es la globalizacion el nuevo gran inquisidor?

Inmerso como estoy, en esta cultura de la globalización, muchas veces dudo que yo sea realmente fruto de la cultura occidental que un día dio lugar a ese nuevo amanecer que fue el Renacimiento. La cultura occidental, hija de la influencia griega, romana y cristiana, me alimentó espiritual y materialmente, pero a veces creo con Garaudy, que Occidente es en realidad un accidente.

Yo estudiaba el Renacimiento como un movimiento cultural, después me he dado cuenta que el Renacimiento no es solo eso -un movimiento cultural-, es también el padre del capitalismo y lo que es peor, del colonialismo. Nacieron casi como hermanos siameses, juntos y de la mano. Juntos, como digo, implantaron, valiéndose de su nuevo concepto de hombre libre, poderoso, emancipado de Dios, implantaron, digo, sus valores, su cultura, a aquellos que consideraban por debajo de ellos. Si indagamos bien, veremos como el Renacimiento -mejor, los hombres del Renacimiento-, influidos por la soberbia del saber, destruyeron culturas y civilizaciones, algunas incluso superiores a las de Occidente, creyéndoles inferiores por su vinculación a la naturaleza, su tipo de sociedad y su forma de comunicarse con lo divino.

Yo fui accediendo a la cultura, mejor a los conocimientos culturales, como muchos niños de mi época, a través de las películas americanas, las novelas de “El Coyote”, los “T.B.O.”, como llamábamos a los “cómic” y todo ello censurado, claro. Para mí Asia era la India de Tagore, las luchas de Gandhi con los ingleses. Norteamérica, las películas del Oeste recreando la poesía en sus gestas de los blancos “buenos” contra los indios “malos”. América latina, era “El Che”, Pablo Neruda, los teólogos de la liberación, también, y por que no, Alfredo Di Stéfano. Africa era el Kilimanjaro, Mahoma; y así mi mundo no era el del Renacimiento, donde se consideraba al hombre centro y medida de todas las cosas, de reducir la realidad al concepto, es decir, en erigir en valores supremos la ciencia y las técnicas. Yo lo que me sentía, era manipulado por un sistema fascista que me impedía ser persona, yo no me sentía “la medida de todas las cosas”, por el contrario, un cero a la izquierda. La técnica había llegado poco a la industria española y la explotación obrera era habitual en la clase dominante.

Por eso hoy vuelvo a sentir miedo, mucho miedo, volverá a ser este fenómeno llamado Globalización, un nuevo Renacimiento, donde sólo unos pocos puedan disfrutar de sus beneficios. No es que me guste mucho esto de Globalización, se le han asignado tantas definiciones que han servido como causa dudosa de división, más que de unión. De todas formas, esta nueva realidad planetaria que dice nacer como servicio a los hombres, para acercarnos mas unos a otros, para comunicarnos mejor y más rápido, no se puede convertir en arma de un nuevo colonialismo. Sería una injusticia. Es necesario un dialogo de civilizaciones, que judíos, cristianos, musulmanes, blancos, negros, amarillos, neo-liberales, comunistas... no seamos de nuevo enemigos, sino que nos encontremos en igualdad, en solidaridad dentro de esta realidad que es el nuevo mundo que entre todos estamos forjando. Que cada uno nos sintamos enriquecidos con la aportación del otro. Pero el “Mercado” neo-liberal no puede ser, como pretenden algunos, ese punto de unión, porque ese mercado ha sido creado por los poderosos, para su lucro, comprando conciencias, convirtiendo a los hombres de ciudadanos en consumidores.

Una nueva Europa está naciendo, la “otra Europa”, fue hija de tres tradiciones: En el terreno moral, del cristianismo. En el del derecho, de la política y del Estado, por la influencia ininterrumpida del derecho romano; en el terreno del pensamiento y de las artes, de la tradición griega. Esta nueva Europa quiere cerrar sus puertas a los pobres y abrirlas a los poderosos. Exportar de nuevo, como un neo-renacimiento, aquello que nos conviene -esta vez el “saber” o “los saberes”, pero con “trampa”-, colonizar de nuevo a los pueblos más débiles con medios mas sofisticados. Una nueva subcultura se va introduciendo en la llamada “periferia”, que atonta, adormece, induce, manipula, aliena, crea monstruitos mediáticos , hombres débiles, mentalmente útiles para el sistema que los manipula, utiliza y los aparca cuando ya no le sirven. ¿Es ésta la nueva cultura de la Globalización?.

Pero qué está pasando, algunos pueblos se están cansando. Hay quien dice que estamos en una guerra, de culturas, otros de religiones, yo diría que ni una ni otra. La autentica guerra es la guerra de intereses. La del Imperio contra la periferia, la de los ricos del norte contra los pobres del sur.

Pero cómo abordar esta situación, los mejores hombres de uno y otro bando mueren, y muchas veces, sin saber porqué ¡Hasta cuándo esta situación! ¿Puede América, la nueva Roma, imponer su hegemonía hasta el punto de hacer peligrar la estabilidad mundial y hasta la integridad del planeta? Es hora de intentar cambiar radicalmente el modelo occidental-globalizante. Debemos tener en cuenta a todos los hombres, a su cultura, su sabiduría, la sabiduría de África madre de culturas, la China milenaria, Iberoamérica resucitando a sus ancestros. La sabiduría de tantos y tantos pueblos, deben equilibrar nuestra concepción tecnicista con una experiencia vivida, poética y mística. Respetar una naturaleza que no nos pertenece, sino lo contrario, a la que pertenecemos, de la que formamos parte. Entablar un diálogo es insprescindible, es indispensable en el plano económico y en el de nuestro modelo de crecimiento. Hay que buscar otra forma de crecimiento que no dañe la naturaleza ni empobrezca a los más débiles, marginándolos, condenándolos de por vida a la incultura, el hambre y lo que es peor haciéndoles potenciales terroristas.

Es necesario dar una dimensión nueva a la política, pasar de una democracia representativa a una democracia participativa. Quizá esta nueva forma de “hacer” o mejor “vivir” la política, nos ayude a ejercer la libertad, pero una libertad nueva, solidaria, que no se realiza más que con los otros en el amor, y no en la mera reivindicación del individuo. Debemos liberarnos de la miseria ¡claro! Pero también de la abundancia y de la saciedad. Pero no podemos olvidar nunca que no podemos existir libremente en una sociedad que acepta en su seno la esclavitud o que la impone a los demás, bien a la fuerza, o por los modernos medios mediaticos.

Yo espero y confío, en que el sentido común, la razón, la fe, puedan todavía parar la magnitud de la catástrofe que se nos avecina, que ya estamos padeciendo, y que impulse a los espíritus bien religiosos, de buena voluntad, a dar un paso adelante y digan ¡BASTA!. De lo contrario el futuro se presenta imprevisible y todo... todo es posible. Pero quiero ser optimista, veo señales que esta larga noche empieza a aclarar, está naciendo a escala planetaria, una nueva relación entre la fe y la historia, entre la fe y la acción, entre la fe y el mundo, es la señal de que, por encima de las fronteras y razas, cada hombre está inseminado de divino y como tal es plenamente responsable de su propio destino. La esperanza escatológica ya no es el grito del hombre que desespera de la tierra, sino el fermento del proyecto de hacer cielos nuevos y una tierra nueva. Seguramente muchos de nosotros no veremos realizada esta alianza entre los hombres, pero veo, una tierra preñada de esperanza y un amanecer nuevo.

 
 

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