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No hay negocio como el del espectáculo

Walter Turnbull

Hoy los políticos “juegan para las cámaras”, para descrédito de la política.

There’s no business like show business”, dice una frase de una antiguamente famosa canción. Para nosotros los hispanos, “no hay negocio como el del show”.

Y efectivamente, qué se puede comparar al mundo de la farándula. La difícil labor de divertir a la gente devuelve al protagonista todo un bagaje de gratificaciones. Fama, admiración, popularidad, diversión, y dinero, mucho dinero. Se habla de ídolos de la pantalla. La satisfacción que da la fama es lo más parecido a sentirse Dios.

Mucho se critica que los futbolistas antes salían a romperse el alma por el equipo y ahora salen a jugar para las cámaras. Se dice que finalmente el que pierde es el futbol. El mismo síndrome, con parecidos resultados, se puede dar entre maestros, entre padres de familia, entre empresarios, entre periodistas, entre estudiantes, entre sacerdotes y obispos... y se está dando en forma escandalosa entre políticos.

Cada día más, los ciudadanos somos espectadores de un espectáculo de calidad mundial para divertir a la gente, en busca de la aceptación del público. Toda la coreografía de los videos, los discursos del jefe de gobierno del D.F., las emotivas dramatizaciones de Castro Rus, las graves respuesta del secretario de gobernación, los afectados ataques de los opositores contra el secretario de gobernación, los defensores de Castro... todas ellas actuaciones magistrales. Lloridos, sonrisitas, expresiones de asombro, caras serias, miradas de desprecio, en donde lo que menos interesa es la veracidad de las palabras.

Ahora entiendo porqué los políticos cobran tanto. Trabajan para divertirnos.

La última escena la ha representado un diputado que decide meterse a “Big Brother”. Él dice que para acercarse más al pueblo y que el pueblo se acerque a él. La solución de los grandes problemas nacionales se puede esperar. Lo que importa es el show. No hay negocio como el del show.

Desgraciadamente, igual que pierde el futbol por jugar para las cámaras, pierde la política por gobernar para la popularidad. Desgraciadamente este diputado no es el único; solamente es el único que lo hace oficialmente.

Pero si usted lo analiza con detenimiento, la idea no es tan mala. Qué bueno sería que todos nuestros diputados y senadores entraran a Big Brother y tuvieran que permanecer todos los días en sus funciones, y nosotros pudiéramos ver todo lo que hacen y dicen, y pudiéramos votar por su expulsión cada semana.

Viéndolo bien, lo que necesitamos es llevar Big Brother a la cámara de diputados, y a la de senadores, y a las jefaturas de gobierno y a las gubernaturas, y a las secretarías de gobierno y a la presidencia. Desgraciadamente no podemos meter a Castro Rus y a Bush, pero la caridad empieza por el hogar. Si les vamos a pagar por divertirnos, que al menos tengamos la posibilidad de expulsarlos.

 
 

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