Un maravilloso instrumento de Dios
Roberth Phoenix
Desearía que más sacerdotes fueran santos en vida
como él, pero creo que más allá de eso, el sólo hecho de compartir una
parte de nuestras vidas ha sido una gran muestra de la Providencia de
Dios.
Si bien, el ser cristiano es lo más
maravilloso que me ha pasado en la vida, no ha sido lo más fácil. De hecho
hasta la fecha no lo es, pues siempre existe el lado humano, ese que no
permite del todo abandonarse en el Señor o que por dudas, conflictos
personales, situaciones familiares o cualquier otra razón se detiene.
Es en ésta parte donde entran una buena
orientación y guía espiritual. En mi caso, el sacerdote a quien llamó
afectuosamente Padre Paquito, es quien realiza esta función maravillosa en
mi vida. Verán, cuando tuve mi encuentro con Jesús era tal mi necesidad de
entregarle mi vida que pensé seriamente en ser sacerdote, así que acudí a
la Pastoral Vocacional para ser asistido en el discernimiento que
necesitaba en al respecto. Ahí conocí a un hombre que me ayudó a cambiar
por completo mi vida, el Padre Juan Francisco Espino Godínez, quien era
asesor diocesano de dicha pastoral.
Al principió fue mi acompañante vocacional,
teníamos una serie de entrevistas periódicas y me pedía que realizara
algún tipo de actividades como ir a los retiros vocacionales para entender
que es el discernimiento, y avanzar en búsqueda de la respuesta anhelada.
La cual por cierto se resolvió una buena tarde de octubre, donde descubrí
que mi vocación en definitiva no era sacerdotal.
Lógicamente después de aquel
descubrimiento, me sentí decepcionado por el resultado, pero Padre
Paquito, comenzó entonces a trabajar conmigo en mi vocación laical. Fue
ahí donde pude apreciar el gran trabajo y entrega de éste joven sacerdote.
Observé maravillado sus actitudes de escucha, de análisis de la realidad y
el gran don de consejo que Dios le ha dado.
Por supuesto el amor con el que realiza su
labor sacerdotal y el respeto que tiene por su ministerio. Durante éstos
años, he podido descubrir poco a poco a un hombre sumergido en la oración,
preocupado por tener, como el le llama, sus “lunas de miel con Dios”. Y
además de eso a un gran confidente y guía espiritual.
Por supuesto al tratar de prepararme mejor
en mi fe y mi servicio tuve la oportunidad de conocer otra faceta de éste
polifacético sacerdote. Conocí al sacerdote que enseña y comparte su fe de
una manera muy contemporánea, entendible y sin prejuicios. Gracias a lo
cual también disfruté la oportunidad de compartir con él algunas platicas
en el programa de radio Un encuentro con Jesús, donde sus conocimientos y
demostración de vida pudieron compartirse con nuestros radioescuchas.
El tiempo ha pasado y éste maravilloso
hombre, que ahora se encuentra en la Parroquia de Nuestra Señora de la
Esperanza, sigue como siempre con esa calidez que le caracteriza, y con
ese testimonio vivo del amor de Dios que le sale por los poros. Y como
siempre tiene esa extraordinaria disposición para todo aquel que lo
necesite, incluyéndome, pues sigue siendo mi guía espiritual y puedo
compartirle muchas cosas de mi vida para que me oriente, y lo más
maravilloso es que siempre es la presencia de Jesús quien habita en él.
Desearía que más sacerdotes fueran santos
en vida como él, pero creo que más allá de eso, el sólo hecho de compartir
una parte de nuestras vidas ha sido una gran muestra de la Providencia de
Dios. No puedo hacer más que agradecerle a Dios por ponerlo en mi vida y
todos los días mis oraciones están con Padre Paquito.
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