A la luz de los medios
Fidel Mateos Rodríguez
Falta profesionalidad, calidad en los medios y
dinero, sí lamentablemente el dinero tiene importancia.
¿Qué hará
Juan Pablo II convocando cada año una Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales? Quizás se ha dado cuenta a lo largo de su larga
experiencia de que los Medios de Comunicación Social tienen tanta
importancia que es necesario dedicar al menos un día a su reflexión e
impulso para la Iglesia.
Un joven
de quince años me comentaba que su padre no le dejaba ver la película “Braveheart”,
porque era demasiado violenta. Pero tampoco “Los Serrano” o series que
pudieran “hacer daño a su hijo”. Y precisamente este año el lema de las
Jornadas es “Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza”, con el
que se anima a no rechazar todo lo que nos encontramos, huyendo de la
realidad que los medios nos presentan para meternos en nuestra bola de
cristal. El documento va más allá: invita a la educación en los medios, y
a saber educar para hacer buen uso de ellos. Los padres que taxativamente
mandan a la cama a sus hijos porque ese programa no se debe ver, sin más
explicaciones, no sólo consiguen el efecto contrario, sino que además el
hijo se dará cuenta de que los propios padres dejan de ser ejemplo al
quedarse ellos viendo el susodicho programa.
Me estoy
centrando en la televisión, pero lo podemos extender a cualquier medio:
radio, prensa escrita o Internet. La educación, creando un espíritu
crítico será mucho más eficaz que el padre que juega a ser programador.
Pero tampoco nos vayamos al otro extremo, al de la familia en la que quien
educa es el medio en cuestión, la que en vez de jugar con el hijo lo
colocan delante del televisor. Pero luego nos quejamos…
Por tanto
para un buen uso de los medios de comunicación en familia se debe educar
para recibir lo que nos ofrecen con la libertad de aceptarlos o
rechazarlos (por tanto el fallo no estará en los medios, sino en la
educación para verlos), darlos a conocer, valorar los mejores y muy
especialmente dar ejemplo.
Sin dejar
de lado a los padres, nos fijaremos en los propios periodistas.
Comunicadores que pierden su condición de cristianos cuando hay un medio
de por medio, porque a lo mejor piensan que no es “políticamente
correcto”. Esto mismo me lleva a pensar que a lo mejor no salen con
claridad periodistas católicos porque no tenemos nada que decir, o porque
no nos acabamos de creer lo que tenemos que decir, grave problema si es
así. Si realmente creemos y sabemos que todo puede ser evangelizable y
evangelizador, sabremos que lo que tenemos que transmitir es tan
importante que los medios deben recogerlo. La opinión del homosexual no
falta, la del de izquierdas tampoco (con todo mi respeto para ellos), pero
muchas veces falta la opinión de la Iglesia, la opinión del cristiano, el
punto de vista de Dios por tanto. Y si falla eso quizás es porque nos
falla lo esencial: la oración. Pero dejo abierto el interrogante.
Lo que no
podemos hacer es quedarnos sin trabajar hasta que no consigamos programas
con contenido católico (y aclaro que no me refiero con contenido católico
a misas y un sacerdote vestido con alzacuellos, aunque sea también
necesario; sino que me dirijo más bien a los contenidos en los que lo que
se transmite es el espíritu del Evangelio, el espíritu de lo que Cristo
mismo nos enseñó). Quiero ver un programa con ese contenido que tenga un
escenario como el de Crónicas Marcianas, y no el típico programa con un
fondo plano o con una estantería de libros. Una radio de calidad, páginas
web que no tengan nada que envidiar a las de una cadena de televisión o un
periódico nacional, y también buenos periódicos maquetados con la última
tecnología.
¿Y cómo se
puede conseguir esa calidad en los medios? En buena medida con la unidad,
en vez de tantas hojas parroquiales, tantas revistillas de cada
movimiento, etc., etc.. Una, quizás dos, pero en las que todos trabajemos,
en las que todos nos apoyemos, y en las que la vida en Dios sea la base.
Fuera de ahí será costosísimo, y seguirán ganando con varias cabezas de
ventaja las empresas y las grandes fábricas de conseguir consumidores. Y
no es que nuestro producto sea peor, al contrario es el mejor que podemos
ofrecer, pero no sabemos hacerlo. Falta profesionalidad, calidad en los
medios y dinero, sí lamentablemente el dinero tiene importancia.
En
conclusión, si tenemos algo que decir y sabemos cómo decirlo contando con
buenos profesionales, sabremos sintonizar con lo que el corazón del hombre
quiere, y podremos formar a la familia, núcleo de la sociedad. Pero todos
juntos, y bajo las directrices de un Papa como el actual que tiene claro
que “la estatura moral de las personas crece o disminuye según las
palabras que pronuncian y los mensajes que eligen oír” (Mensaje para la
38º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales).
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