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El mejor regalo: escuchar

Felipe Santos

Escuchar es quizá el regalo más bello que puedes hacer a cualquiera...

Escuchar es quizá el regalo más bello que puedes hacer a cualquiera... Es decirle, no sólo con palabras o de boquita, sino con tu mirada, tu sonrisa y todo tu cuerpo: eres importante para mí, interesante. Me siento feliz de que estés ahí.

Lo más maravilloso es ser consciente de que alguien te escucha. Y la escucha auténtica comienza con el silencio... ¿Has observado alguna vez cómo los diálogos se llenan de expresiones de este tipo? es como si algo me ocurriera a mí mismo.

Frecuentemente lo que el otro dice no es una ocasión para hablar de sí mismo. Escuchar es el comienzo mediante el cual detienes tu pequeña película interior, tu monólogo rutinario... para dejarse transformar por el otro.

Es aceptar que el otro entre en nosotros mismos como si entrara en casa y se instalara un instante, sentándose cómodamente para que se sienta a gusto.

Escuchar supone dejar aparte lo que nos ocupa para entregar todo el tiempo al otro. Es como un paseo con un amigo: ir a su paso, cercano pero sin molestar, dejarse llevar por él, pararse con él, volver a cualquier sitio digno con él.

Escuchar no es buscar cómo responder al otro, sabiendo que en él existen las mismas respuestas para las mismas cuestiones. Se trata de que rechaces la idea de pensar en su lugar y de que evites darle consejos e incluso de querer comprenderlo.

Escuchar es acoger al otro con el conocimiento de que él sabe quién es y no quiere que nadie se meta en su vida y mucho menos que alguien -sin conocerlo- le diga lo que tiene que hacer.

Para escuchar es preciso ser una persona abierta positivamente a todas las ideas, a todos los temas, a todas las experiencias, a todas las soluciones, sin interpretar, sin juzgar, dejando al otro el tiempo y el espacio hasta tanto encuentre el camino propio.

Escuchar no es querer que alguien sea como tú quieres. Es mucho mejor aprender a descubrir sus cualidades que le son específicas.

Ser atento con alguien que sufre, no es darle una solución o una explicación a su sufrimiento... Es permitirle que lo diga él y que él mismo encuentre su propio camino para liberarse.

Aprender a escuchar a alguien es el ejercicio más útil que puedes hacer para librarte de tus propias angustias...

Escuchar es dar al otro lo que nunca se te ha dado a ti: atención, tiempo, una presencia afectiva.

Aprendiendo a escuchar a los otros es como tú logras escucharte a ti mismo, tu cuerpo y todas sus emociones.

Es el camino para aprender a escuchar la tierra y la vida, es convertirse en poeta, es decir, sentir el corazón y ver el alma de las cosas.

A quien sabe escuchar se le ha concedido vivir en profundidad; no en la mediocridad o superficialidad.

¿Por qué?, te preguntarás: sencillamente porque se comunica con la vibración interior de todo ser viviente.

Si has leído despacio estas palabras, te habrás dado cuenta de que no son muchas las personas que saben escuchar.

Hablan y hablan sin decir nada, sin escucharte. Y mientras tú intentas decirle algo, él te ha oído (distinto de escuchar) pero con el gatillo preparado para soltarte algo que no viene a cuento.

Escuchar, finalmente, es nada más y nada menos, que el propio honor de la persona.

 
 

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