Ella miente continuamente
Felipe Santos
La máscara de la mentira oculta siempre una
debilidad que, al verse en grupo, ayuda enormemente a desterrarla del
propio ser.
En nuestro
grupo hay una chica que miente continuamente. Lo es tanto que nadie tiene
confianza en ella. Hemos decidido dejarla que vaya a su bola... con sus
historias para dormirse de pie.
El otro
día, al volver del colegio, hemos discutido con ella. Hemos llegado a la
conclusión de que no hay un clima de confianza y es duro mantener un
diálogo con sus mentiras.
No vemos
en ella ninguna razón para comportarse de este modo. Hemos tomado la
opción de que poco a poco intente dejar su actitud desagradable para
todos. Nuestro amigo vive en el mismo bloque que ella. Nos ha explicado lo
que ocurre en su familia desde que su padre está en huelga y de que su
hermano mayor se mató en un accidente de moto hace dos años.
Desde
entonces, Catherine no quiere mostrar su dolor y su pena. Por esta razón
ella cuenta y narra lo que le viene a la cabeza.
Nuestra
animadora Colette nos ha hecho reflexionar sobre la verdad y la mentira.
La mentira
es frecuentemente un signo de debilidad. Quiere compensar así lo que le
falta autoafimándose así, incluso aunque penséis que está equivocada.
Si tuviera
confianza con alguien, ¿no sería más natural? Después de haber pensado
cómo hacer para no herirla, hemos decidido de común acuerdo con los
padres, invitarla a una velada.
Lo hemos
pasado canuta para que aceptara. Hemos telefoneado a sus padres. En
resumidas cuenta, ha aceptado venir con nosotros con uno de sus hermanos.
Al principio se sentía molesta, pero poco a poco ha comenzado a hablar.
Tras este encuentro -tuvimos otros más- Catherine cambió con nosotros,
incluso aunque el grupo no hubiera cambiado mucho. No hemos perdido la
confianza por eso.
Es muy
importante que en nuestras vidas de relaciones grupales, no estemos
cerrados a alguien que lo pasa mal. Al contrario, como jóvenes creyentes
en Cristo Jesús, todo nos parece excelente cuando acogemos a otra persona
en nuestro grupo. Esto nos enriquece y nos da aires nuevos para proseguir
nuestra tarea de apertura a todo aquel que quiera formar parte de nuestro
grupo.
No nos
reunimos simplemente para charlar y comentar temas. Eso lo hacen los demás
grupos.
El
nuestro, al ser de cristianos, acoge a todo el que quiera participar de
nuestros encuentros con el Señor, con las fiestas alegres y sanas; no
estamos cerrados a nadie, excepto a aquellos que prefieren la mediocridad
y no quieren avanzar por las sendas de lo auténtico.
Esta amiga
es un ejemplo claro y evidente de que la vida puede cambiar viviendo la
realidad de un grupo en el que se crece en todos los aspectos de la vida
humana y en su dimensión sobrenatural.
La máscara
de la mentira oculta siempre una debilidad que, al verse en grupo, ayuda
enormemente a desterrarla del propio ser, como un fardo pesado que le
impide adelantar por el camino de la sinceridad y del bien.
En el
fondo, lo que de verdad importa, es sentirse acogido y amado. Todo el que
dice la verdad vive en el resplandeciente mundo de la luz.
Hay
mentiras por doquier. Y desde varios políticos hasta los medios de
comunicación todos o una gran parte buscan la verdad de su partido o
ideología, dejando en segundo plano la verdad.
Pienso que
si fueran auténticos, el gusto por la verdad sería el detonante de su
vidas, no el prestigio pasajero de unos cargos políticos.
Entrenarse
en ser verdadero es lo mismo que descubrir el propio rostro, abierto a la
comunicación veraz y desbloqueado para la debilidad de la mentira.
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