El niño mamando
Tanto y tanto anuncio comercial digno de censurar
pasa como si nada. Pero eso de ver a una joven madre amamantando a su hijo
parece ser un pecado imperdonable.
El niño
mamando es pornografía, y si no pornografía, mal gusto. Lo han dicho las
autoridades británicas, y ya. Se le han unido las irlandesas. Y es que el
puritanismo también tiene sus geografías, no solamente territoriales sino
también mentales. Tanto las autoridades británicas como las irlandesas han
decidido suprimir “una escena del anuncio preparado por el parlamento
europeo para animar a los habitantes del viejo continente a depositar su
papeleta en las próximas elecciones”. Solamente esos dos países lo han
vetado. El resto, incluidos los diez nuevos miembros, les han dado el
visto bueno.
Se me
antoja que una mujer amamantando a su hijo o un bebé apropiándose del
natural alimento que le brinda la naturaleza de su madre es una de las
estampas más bellas y más sagradas. Varios pintores recurrieron a este
recurso para estampar el momento en el que la Virgen daba de mamar, que
así es como hay que decirlo, a su hijo. Y nadie se escandaliza por ello.
Pero los ingleses y los irlandeses sí. ¡Vaya por Dios!.
Y es que
estamos confundiendo las cosas: confundimos lo natural con lo
comercializado, confundimos la pornografía con la maternidad, confundimos
el amor con el simple y escueto deseo. Y una ética, anclada en esta
dicotomía, dudo que pueda perdurar.
Tanto y
tanto anuncio comercial digno de censurar pasa como si nada. Y pasa como
si nada porque el dinero es todopoderoso, como aseguraba Quevedo. Tanta y
tanta desfachatez que vemos, oímos y leemos en prensa, radio y televisión
no amerita la más mínima censura. Pero eso de ver a una joven madre
amamantando a su hijo parece ser un pecado imperdonable, no apto para la
sensibilidad moderna, cuando en realidad no solamente es una virtud sino
que debería ser promocionado, inclusive contra la comercialización de
tanto producto de consumo para bebés que carecen no solamente del
nutriente que proporciona la leche materna sino, y sobre todo, del amor
con el que la madre entrega al hijo lo que es de su exclusiva propiedad y
sin contaminación alguna.
¿Que el
público se ofende por ver dar de mamar a un bebé en público? ¡Pues que se
ofenda!. ¿Por qué no se ofende de toda la pública violencia que se
derrocha y de toda la pública pornografía publicitaria que sin recato
alguno se exhibe? Yo creo que los gobiernos del Parlamento Europeo
deberían dedicarse a otras muchas prohibiciones, más nefastas, más
perniciosas. A los ingleses se les ha ido la mano de la ética y a los
irlandeses, más. Y pienso que la iglesia debería entrar también en este
debate, al menos para honrar la maternidad de la Virgen.
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