Las lágrimas
La Virgen, con esa cara tan triste, quiere decirnos
algo. Bolivia atraviesa una situación social complicada y quizá esos
signos sean una llamada a la conversión, a la unión”.
Imágenes
de Cristos y de Vírgenes han comenzado nuevamente a llorar por todas
partes. Hace tiempo que vienen llorando las imágenes de los Cristos y las
Vírgenes. Aquí, en Venezuela, también se encuentran casos. ¿Dónde no? Y si
uno se pone a pensar, no faltan razones para las lágrimas. También para
las alegrías, pero para las tristezas, sobran.
Sobran
sobre todo en Bolivia, nación castigada donde las haya, pobreza a raudales
donde la haya, retraso inclemente donde lo haya, desnutrición y niños
deambulando por la vida donde los haya, así que en Bolivia sobran razones
para la tristeza. Y el Cristo de Limpias se ha puesto a llorar.
A este
Cristo lo llevaron hasta Cochabamba desde Cantabria, precisamente desde la
aldea de Limpias. En realidad se trata de una réplica, pero tampoco
importa; al fin y al cabo todas las reproducciones, todas las imágenes en
yeso, madera, lienzo, tablas, arcilla, frescos, lo que sea; todas, en
realidad, son réplicas de una misma realidad, de una misma creencia, de
una misma especie de visualización de la fe.
No es la
primera vez que el Cristo de Cochabamba llora. Suele llorar durante todas
las Semanas Santas, quizá porque Bolivia lleva desde tiempo atrás todo un
Vía crucis ininterrumpido, que ahora nuevamente ha vuelto a tomas las
calles, la protesta fundada, y el ansia de salir de la nada. Parece que
los bolivianos están condenados, sin razón aparente, a no poder traspasar
el umbral de Viernes Santo, el momento de la redención. Esta última Semana
Santa el Cristo de Limpias de Cochabamba rompió la tradición y no lloró:
se aguantó las lágrimas hasta ahora. Asegura una devota de la imagen,
Silvia Arévalo, quien construyó para ella una capilla, que en todo este
tiempo, es decir, desde la última Semana Santa hasta ahora “el rostro se
le ha ido desfigurando por el sufrimiento”.
Ahora, a
las lágrimas del Cristo, se le han unido las de una Virgen, una Inmaculada
Concepción, quizá porque la fecha de su fiesta se acerca y no puede pasar
desapercibida.
Por
supuesto, la noticia ha trascendido, como siempre trascienden estas
noticias entre los fieles del común y entre los medios de comunicación, y
una periodista presente en el acontecimiento asegura que sintió “dolor,
emoción, angustia y ternura”. Todo junto y todo separado. He pensado en mi
vida, en mi país. La Virgen, con esa cara tan triste, quiere decirnos
algo. Bolivia atraviesa una situación social complicada y quizá esos
signos sean una llamada a la conversión, a la unión”. Quizá.
En
Limpias, la localidad cántabra de origen de la imagen del Cristo también
ha habido reacciones. El párroco se ha limitado a decir: “Creo que puede
haber milagros pero no intento hacer uso de ellos. Bienaventurados los que
creen sin ver”.
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