Los nuevos pecados
...no hay nuevos pecados sino nuevos escenarios
donde protagonizar los viejos, los de siempre, aquellos que ameritan la
redención.
Pues sí,
cada época tiene que lidiar con sus defectos, con sus exageraciones, con
sus apariencias. Aunque posiblemente no sean los textos los que varían
sino los contextos, porque no estoy tan seguro que eso que han dado en
denominar nuevos pecados, sean realmente nuevos; son simplemente variantes
de algo que la naturaleza humana ya conocía, como es el robar, como es el
entregarse irreflexiblemente a la lujuria, más que al sexo digo a la
lujuria, o a eso que otros prefieren llamar más laicamente pornografía
comercial multimediatizada. No creo que ni la gula, ni la pereza.
Si hay que
decirlo, la ira está más presente que nunca en nuestro entorno social, una
ira que ha saltado lo estrictamente personal para convertirse en venganza
social, que es a lo que yo llamo terrorismo y todos los sucedáneos del
mismo. ¿O es que acaso la soberbia no campea en forma descarada desde el
poder y los poderes, los políticos, los económicos, los religiosos
inclusive, disfrazada inclusive en ropaje de bien?. Estoy refiriéndome a
los soberbios que nos venden destrucción a mansalva bajo el dogma del mar
menor o de las inocentes muertes necesarias.
Pues sí,
no hay nuevos pecados sino nuevos escenarios donde protagonizar los
viejos, los de siempre, aquellos que ameritan la redención.
Les han
dado el nombre de pecados informáticos. Y lo son. Se han elegido los
nuevos medios, Internet en concreto, el correo electrónico para más señas,
para hacer de nuestro entorno el lugar globalizado donde todo cabe y a
todo se puede acceder. Inclusive, todo se puede robar.
Un grupo
de teólogos reunidos en el Santuario de San Gabriel del Gran Sasso, a unos
120 kilómetros de la ciudad de Roma, han llegado a la conclusión de que
“piratear programas informáticos, bajarse música, películas o documentos
ilegalmente de Internet o crear virus y/o propagarlos adrede por correo
electrónico son comportamientos pecaminosos”. No lo dudo. El problema es
que muchos de estos comportamientos ante las nuevas tecnologías ni
siquiera pueden ser considerados ilegales al no estar reglamentados. Así
que, ¿quién puede sentirse realmente pecador?.
No se
trata de nuevos pecados, es obvio, pero como los vemos reflejados en otros
contextos pareciera que estamos reinventando otra vez el drama del paraíso
terrenal. Pero hay un pecado, sobre el resto, que a mí personalmente me
ofende sobremanera: el de la manipulación de la verdad. Y ese pareciera no
entrar en el listado de esos cuarenta teólogos reunidos cerca de Roma en
un simposio sobre penitencia.
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