Esos chicos que no conocemos
...algunos de los grandes jugadores... no solamente
son creyentes sino practicantes
Lo que voy
a escribir me lo ha inspirado el periódico La Razón, bajo la pluma de M.
Vázquez/F. Osuna, es de ley consignarlo. No siempre se leen cosas así, a
pesar de que sus protagonistas, por ser quienes son, y además excelentes
profesionales del mundo del fútbol, aparecen con asiduidad en las páginas
deportivas. Si un jugador de fútbol, estrella por demás, cree en Dios,
reza, evangeliza en el vestuario o en su casa, va a misa, se confiesa
porque también se siente pecador, comulga, y todas esas cosas, no es
noticia; pero si sale de farra, si protagoniza un altercado en un bar
luego de que se le pasó la mano en las copas, si engaña a la mujer o
consiente que la mujer lo engañe, si cobra millones no ya por jugar a
fútbol sino por protagonizar un escándalo apto para las páginas del
corazón, entonces el titular va. Es decir, se nos ha fotografiado a unos
deportistas que posiblemente no sean lo que leemos, o lo que de ellos nos
muestran: a unos nos los encumbran por defecto, a otros nos los minimizan
por ocultamiento.
Pues mire
usted por donde estos periodistas de La Razón han tenido la osadía de
quitarnos la venda de los ojos y mostrarnos a algunos de los grandes
jugadores como son cuando no los vemos jugar, cómo piensan cuando no
piensan en el balón, cómo no es magia cuando se santiguan antes de iniciar
el partido, cómo rezan un Padrenuestro, cual si fueran toreros en su
altarcito del hotel y antes de salir al ruedo. La religiosidad de los
toreros la teníamos más clara, más fotografiada, la de los futbolistas y
entrenadores ha quedado más soslayada, como si se tratara de un mundo que
no es el mundo de los estadios.
Jugadores
como Gabriel Batistuta, como Ito, el del Betis, como el Chileno Marcelo
Salas, como el croata de la Real Sociedad, Kovacic, como el argentino
Balbo, como el nigeriano Kanu, como el italiano del Inter De Milán, Javier
Zanetti, como el belga George Grun o el alemán Oliver Bierhoff, o Marco
Antonio Senna, del Villarreal, o Leonel Pipa Gancedo, del Murcia, o Kaká,
del Milan... y tantos y tantos otros que no han llegado todavía a la
curiosidad de los periodistas, no tienen empacho alguno en afirmar que no
solamente son creyentes sino practicantes, que no solamente aceptan la fe
que mamaron o que descubrieron sino que la practican como Dios manda.
Opino que
las nuevas estrategias evangelizadoras deberían apoyarse en estos
predicadores del balón para que sus hinchas, y el público en general, se
den cuenta de que sus ídolos no son esos loquitos que andan por ahí
discutiendo millones y escándalos.
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