Moral de consenso
Miguel Rivilla San Martín
El cambio que se pretende, no siempre es, ni mucho
menos, señal de progresismo sino de confusionismo.
En el
camino de la globalización en que nos hallamos. se escriben, oyen y
publican las teorías más peregrinas, dentro y fuera del ámbito eclesial.
Una de ellas, es la así denominada “Moral de consenso”.
Hace poco, en un colegio de religiosas de
Madrid, se convocó una reunión de padres de alumnas a una disertación dada
por una figura relevante del pensamiento filosófico actual, don José A.
Marina, en el transcurso de la cual abogó -hablando de los derechos
humanos- por una moral de consenso
entre los diversos estados y estamentos de la sociedad, como base de una
convivencia pacifica y civilizada.
Entre los
oyentes estaba un catedrático de filosofía, católico practicante, don
Angel Gutiérrez, que en el turno de diálogo desmontó, uno por uno, los
argumentos inconsistentes del ponente.
Para construir una
moral sólida y aceptable por todos y no sujeta a los vaivenes del tiempo,
personas o circunstancias, se precisa algo más que el mero consenso de las
partes.“ Se necesitan unas referencias claras que provienen
de la naturaleza o de la Religión revelada por el único Dios vivo y
verdadero”.
La argumentación era aplastante: En el
caso de los derechos humanos, al decidir, por ejemplo, sobre los valores
de la tolerancia, de la libertad o de la paz, ¿cómo ponerse de acuerdo si
cada persona, cada grupo, cada sociedad o nación, las entienden de diverso
modo y sentido? Esta manera de proceder, nos conduciría inevitablemente al
mero subjetivismo, al anarquismo o al puro relativismo.
Y es que en esto, como en tantas otras
cosas que aparentan novedosas, el cambio que se pretende, no siempre es,
ni mucho menos, señal de progresismo sino de confusionismo..
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