El hombre carnal y el espiritual
Miguel Rivilla
San Martín
Es importante
para cada persona dominar sus fuerzas instintivas y sujetarlas con su
voluntad al espíritu, reforzado por la fuerza divina de la gracia.
Se ha
dicho, y con razón, que toda persona es mitad ángel y mitad demonio.
Todos, desde que tuvimos uso de razón, hemos experimentado en nuestro
interior la dualidad y lucha existente entre el cuerpo y el espíritu.
Mientras caminemos por este mundo, se desarrollará una lucha sin tregua
entre la carne y el espíritu.
Alguien
comparó a la persona como un fogoso corcel que hay que dominar. Si el
jinete que lo monta no le embrida bien fuerte, puede desbocarse y
arrastrar al abismo a ambos dos.
Es
importante para cada persona dominar sus fuerzas instintivas y sujetarlas
con su voluntad al espíritu, reforzado por la fuerza divina de la gracia.
S. Pablo
en su carta a los Romanos dejó escrito: “Los que se dejan dirigir por la
carne, tienden a lo carnal; en cambio, los que se dejan dirigir por el
Espíritu tienden a lo espiritual. Nuestra carne tiende a la muerte; el
Espíritu a la vida y a la paz. Porque la tendencia de la carne es
rebelarse contra Dios; no sólo no se somete a la ley de Dios, ni siquiera
lo puede. Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios... Si
vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais
muerte a las obras del cuerpo, viviréis”.
He aquí la
tarea que incumbe a todos los cristianos. Hay que optar y permanecer
unidos a Jesús para que no prevalezca en nosotros la corrupción de la
carne que lleva a la muerte, sino la fuerza del Espíritu que lleva a la
vida.
|