¿Cómo se que soy digno?
Rosa Martha
Abascal de Arton
En la
intimidad de nuestra relación con nosotros mismos, experimentamos un
profundo e inexorable impulso a que seamos tratados como un "alguien" y no
como un "algo". Todo nuestro ser se rebela ante la posibilidad de ser
instrumentalizados por otros. Es por ello que nos escandalizamos ante la
explotación de los débiles, de los obreros, de las mujeres o de los niños
por medio de la pornografía, etc.. La persona desea, desde lo más profundo
de su ser, ser tratada como persona, como un fin en sí misma.
Así, el
hombre comienza a definirse, como dice Carlos Llano, por sus proyectos a
futuro, más que por su condición real. La respuesta a “quién quiero ser”,
se responde con las cualidades propias que te identifican como ser humano,
tu personalidad y tu carácter, y la respuesta a esa pregunta debe ser tu
proyecto de existencia. Ese proyecto de existencia, de largo plazo, debe
corresponder con tu condición de PERSONA, de FIN, de TRASCENDENCIA, de
FECUNDIDAD (dar frutos)
Pues bien,
este dinamismo interior de autodefensa del "yo", como sujeto y no como
objeto, apunta hacia la existencia de nuestra dignidad o valor como
persona. Una dignidad que no está condicionada a ninguna instancia
exterior o no esencial, como el rango social o económico, la raza, la
salud, etc.. La persona humana vale por el mero hecho de ser persona y no
por ésta o aquélla de sus características accidentales. Nuestro sentido de
ser fin-en-nosotros-mismos es una poderosa indicación de esta verdad.
“Todos los
pensamientos de solidaridad, incluso el de amarse mutuamente tiene su
fundamento aquí: la dignidad humana, que es una posesión compartida por la
humanidad, una posesión de la que todos tenemos una parte y en la que
todos tenemos responsabilidad. Todos nos hallamos unidos en un grupo común
que hace imposible que no nos veamos afectados por la suerte de los demás”
Ágil Aarvik
El perder
ese sentido de ser persona conduce a la baja autoestima y a la
auto-degradación. Por otro lado, el tratar a otras personas como meros
medios -por placer, por ganancia económica o por cualquier otro motivo-
nos degrada como personas, atenta contra nuestra dignidad.
¿De dónde
viene ese impulso interior, ese grito de nuestra naturaleza humana? Ello
no tiene otra explicación que no sea nuestro valor como persona, nuestra
dignidad existe realmente. La dignidad humana posee una existencia
objetiva, es decir, es real, independientemente de que otros la reconozcan
o no.
Si ello no
fuese así, no tendría ningún sentido hablar de la auto-estima, el
fundamento de la psicología. Tampoco tendría sentido apelar a la
fraternidad social o al sentido de solidaridad cívica. Carecería también
de sentido la compasión hacia el prójimo enfermo o de bajos recursos. En
realidad, el Amor mismo carecería de sentido. Si la dignidad humana no
tiene una existencia real, objetiva, entonces el Amor no existe, porque el
Amor y el valor son realidades correlativas, no se ama lo que no vale. En
términos religiosos, Dios nos manda a amar al prójimo como a nosotros
mismos, porque tanto el prójimo como nosotros mismos somos valiosos,
poseemos una dignidad.
A lo largo
de la historia de la humanidad ha habido concepciones erróneas de la
dignidad humana:
a. Una
serie de condiciones materiales de vida que permiten una calidad de
existencia propia del hombre, es decir, se limita a tener, no a SER.
b.
Pretexto para sentirse ofendido, apoyándose en la propia soberbia de
creerse perfecto, en lugar de PERFECTIBLE.
c.
Mediatización de la persona, calificándola por su oficio o empleo, no ES,
sino HACE, y mientras “mas alto o grande” sea lo que hace, MAS VALE, nada
más falso que esto.
Dignidad
es grandeza, excelencia; es una calidad o bondad superior por la que algo
o alguien goza de especial valor o estima; lo PROMINENTE, lo RELEVANTE. El
término aparece en el título de la Convención de Estrasburgo ("Convención
para la tutela de los derechos del hombre y la dignidad del ser humano").
Digno es
que tiene un carácter absoluto, y que está más allá del valor, que hace
valiosas las cosas que realiza o que le rodean, porque están en función de
“el digno”, de la persona. Si todo el universo existiera sin el hombre, no
tendría sentido alguno, en cambio la persona, aún sin bienes materiales,
es “invaluable” por si misma.
La persona
es fin en si mismo, un fin que tiende a Dios, no es un medio para Dios
porque ÉL no necesita de nada: Dios lo tiene todo. El hombre tenderá mas a
Dios, llegará a Él, en la medida en que sea FIN, cumpliendo su misión,
siendo fecundos, transmitiendo, desbordando lo que tengo, las cualidades,
los conocimientos, la esencia.
“La
expresión DIGNIDAD DE LA PERSONA, viene a ser, un pleonasmo, una
redundancia intencionada, cuyo fin estriba en subrayar la especial
importancia de un cierto tipo de entes” (Antonio Millán Puelles).
Para Tomás
de Aquino, Persona es un “nombre de dignidad”, “la persona es lo más
perfecto que existe en toda la naturaleza” y así sostiene que el título
PERSONA, se aplica en exclusiva a los seres más excelentes que hay en el
universo: los hombres, los ángeles y Dios.
Así, decir
“dignidad de la persona”, es como decir “excelencia de lo excelente”,
“dignidad de lo digno” o “personalidad de la persona”.
“La
dignidad es el decoro conveniente a una categoría elevada o a las grandes
prendas del ánimo, se estará apuntando a la diferencia específica y al
fundamento último de esa excelencia, que es la interior elevación o
alcurnia de un sujeto” (Tomás Melendo).
“Aquello
que constituye la condición para que algo sea fin en sí mismo, eso no
tiene meramente valor relativo o precio, sino un valor interno, esto es
dignidad” (Kant)
“Expresión
de descansar en si mismo, de una independencia interior, esa es la
dignidad “ (Robert Spaemann).
CONCLUYENDO: Entendemos por dignidad
a. La
excelencia, el grado supremo o encumbramiento
b. que a
la vez tiene una interioridad que permite al sujeto
c. ser
autónomo
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