Consecuencias de la dignidad humana
Rosa Martha
Abascal de Arton
Actuar
conforme a la dignidad, conforme a la esencia del propio ser, cuando las
operaciones o acciones no ponen en juego lo noble, lo precioso de la
persona
Ni aún la
falta de libertad, es capaz de amenazar, ni mucho menos eliminar la
esencial valía humana, la dignidad humana
Un ser
humano, una persona que se sabe digna, actúa con dignidad, no requiere
“apoyos banales” externos que lo aseguren, así sus acciones son templadas,
desprendidas, y renuncia a lo superfluo, sabiendo que el ES lo invaluable.
Respetar
la inteligencia propia y ajena buscando y diciendo siempre la verdad.
Caridad
con el prójimo rechazando odios, burlas y murmuraciones. Amar la libertad
de los demás. Evitar fanatismos.
Desvelo
por la vida espiritual propia y ajena.
El hombre
en su dignidad es el "fundamentó", la "causa" y el "fin" de cualquier
institución económica o política, de modo que la eticidad se salva en la
medida en que garantiza y protege dicha dignidad
Respeto a
la propiedad de los demás. Ayuda a países y personas necesitadas. Cuidado
de la vida propia y ajena. Rechazar el aborto. Apartar las drogas.
Adornar y
vestir correctamente el cuerpo humano usando una moda digna.
Respetar
el cuerpo propio y ajeno. Se incluye la moderación en la comida y bebida,
y el uso correcto del sexo.
El cuerpo
humano no debe ser objeto de uso o intercambio (hoy con una persona,
mañana con otra). Sólo debe entregarse a alguien cuando previamente hay un
compromiso firme, ante testigos (matrimonio) de quererse para siempre.
Las
facultades generadoras de la persona humana tienen una misión de gran
categoría: traer al mundo otros seres humanos. Usarlas únicamente para
obtener placeres es rebajar enormemente su dignidad.
La
igualdad fundamental de todos los hombres exige un reconocimiento cada vez
mayor porque todos tienen la misma naturalaza, origen, disfrutan de la
misma vocación y tienen idéntico destino.
Todos los
bienes de la tierra deben ordenarse en función del hombre, centro y cima
de todos ellos. En la vida económico-social también hay que respetar y
promover la dignidad de la persona humana y su íntegra vocación, igual que
el bien de toda la sociedad.
El hombre
vale más por lo que es que por lo que tiene.
Por la
unidad de alma y cuerpo en el hombre no es lícito despreciar la vida
corporal.
El hombre
es por su misma naturaleza un ser social; pero el orden social y su
desarrollo deben subordinarse al bien de la persona.
El hombre
y los valores humanos están por encima de la técnica.
La
conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que
éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo
de aquella: deber de formar la propia conciencia y de respetar la
conciencia bien formada.
La
libertad es el gran don del hombre, y cada hombre debe formar su libertad
y asumir la responsabilidad que se deriva; y la sociedad debe respetarlo.
La
igualdad radical no se opone a que exista una desigualdad funcional entre
los individuos. Tales diferencias son en ocasiones profundas. Algunas
afectan a la misma "naturaleza", como el sexo (hombre o mujer), las
cualidades físicas (enclenque o "cachas"), la voluntad (enérgica o
abúlica).
Es una
grave falta la “discriminación”
“La
dignidad inalienable del hombre, se muestra sobre todo cuando no hay en el
hombre nada más que su humanidad. Cuando ya no le queda juventud, belleza,
poder, inteligencia, riqueza o cualquiera otra de esas características por
las cuales una persona puede dispensarnos un favor, sernos agradable, ser
un motivo de atracción. Cuando a una persona no le queda nada, sino su
condición de persona en el sufrimiento, en ese momento se pone de relieve
con mayor elocuencia su dignidad inalienable. Por ello, la llamada a
manifestar Amor a la persona en ese momento es una pieza esencial de la
cultura moral, del cultivo del corazón humano, y piedra de toque de la
civilización. (Rafael Tomás Caldera).
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