La fe y la moda
Felipe Santos sdb
Me gustaría que tuvieras en tu vida personal la
reciedumbre de tu fe afincada en lo más hondo de ti mismo.
No te creas que eres un ser
extraño para tus colegas porque te vean flotando en un estilo de vida que,
en nada, se parece a lo superficial que acampa a tu derredor.
1) Me encantaría contemplarte
tal y como eres: esbelto y elegante por fuera y por dentro. Y esta belleza
le pongo un título: “Ve a contracorriente”. Esto significa para ti algo
precioso que no muchas veces te detienes a meditar en el hontanar de tu
vida de creyente.
Tu actitud decidida de luchar
contra cualquier moda que te aparte de lo esencial - Jesucristo- me parece
excelente. Eso demuestra que no caminas por sendas trilladas, sino que
buscas caminos nuevos que den realce a tu vida joven en lo biológico y
también -por qué no- en el caudal de vida interior que encierra tu
corazón.
No temas ir a contracorriente.
Si te critican, siéntete dichoso como se siente la trucha de los ríos de
alta montaña. Tu subida a Cristo, día tras día, -en este tiempo de Pascua-
es una meta preciosa para ti. Y fíjate bien: Aunque tus colegas no te
entiendan y quieran llevarte a su mundillo particular o te tilden de beato
y trasnochado en este año 2004, tú, ¡a lo tuyo!
Pienso que los carcas son ellos
porque se dejan llevar de lo fácil. Y esta sociedad competitiva rechaza al
mediocre. ¿Sabes por qué? Porque están vacíos y estresados por el bien
material, el confort como valores prioritarios.
2) Veo que eres un chico/a
inquieto. ¡Enhorabuena! Se te nota a la legua. Tus ojos, llenos de brillo
e ilusión, no han perdido la actitud de María en estos días de Pascua.
Ella, tras los primeros momentos, adoptó la postura que la llevaría al
encuentro pascual. Ella se dirigió primeramente a los discípulos, luego a
los ángeles del sepulcro, por fin al que ella cree que es el jardinero. Y
a todos les dice lo mismo: “Se han llevado al Señor y no sé dónde lo han
puesto”.
Los discípulos no le responden
nada. Los ángeles le dicen algo muy importante. Le obligan a que abandone
una investigación puramente exterior y penetre en sí misma: “Mujer, ¿por
qué lloras?”. El jardinero le va a hacer la pregunta completa: “Mujer,
¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”
El Resucitado se hace presente a
María con estas cuestiones fundamentales. Son las preguntas para vivir la
experiencia pascual de encuentro con Cristo resucitado.
Te hago, amigo joven, una
pregunta por si quieres contestarla desde tu propia interioridad: ¿Por qué
hay tanta insatisfacción y tristeza en tu vida o la ves reflejada en la de
otros? ¿Qué andas buscando? ¿Qué estás haciendo con tu existencia?
Vete tras la experiencia de
alguien que la viva hondamente. Para Pablo, por ejemplo, significa “morir
al pecado” que deshumaniza y mata. Recuerda lo pasado el 11-M.
“Resucita a una vida nueva”, la
vida de Cristo resucitado, que llena de su energía vital a quienes se
adhieren a Éll.
Desde luego, tenlo por seguro:
si lo haces así, estarás viviendo “una vida nueva” y no una existencia
abocada sólo al consumo y al placer fácil y pasajero.
Esto, joven, lisa y llanamente
se llama en cristiano ir a contracorriente. Te invito personalmente a que
sientas el halago -¡halago!- de algunos de tus colegas cuando te digan:
“Macho, nuestro colega se ha tomado en serio la vida de creyente. Es
coherente y nos da ejemplo a todos. Y aunque lo critiquemos, tío, no hay
quien pueda con él. Va a su bola, pero en plan bien, y no lo logramos que
se venga a nuestro mundo más trivial, mediocre y superficial.”
Siéntete feliz. Tu adhesión a
Cristo resucitado te introduce en una dinámica de crecimiento en la vida
cristiana.
No quiero serte pesado. Termino
con las palabras del arriesgado y luchador infatigable Pablo: “Siendo
sinceros en el amor, crezcamos en todo hacia Aquel que es la Cabeza,
Cristo”. Ojo! No sólo crecimiento individual, sino crecimiento de toda la
Iglesia.
Revístete de joven nuevo al
estilo del Resucitado y verás qué dicha vas a sentir en tu ruta a
contracorriente de parte de esta sociedad que ha olvidado a Dios y lo
necesita, sin embargo, como el pez al agua. ¡Animo, luchador! La moda de
vivir con Cristo está siempre de moda. No cambia de modelitos. Con su moda
te sientes más guapo/a. De verdad.
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